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sábado, 20 de febrero de 2010

Niños: ¡Divinos tesoros!

Qué importa que la calle tenga huecos;
que los edificios desafíen los derrumbes
mientras las moscas se adueñan del espacio...
Qué importa que por un triste sortilegio,
los sueños se hayan desvanecido con el tiempo,
y que hoy los autos de moda, no transiten estas calles
de esquinas obscuras, de sendas estrechas,
de escasos traseúntes alegres y de ninguna
canasta repleta de frutas y de carnes.
Qué importa que sea una calle de Centro Habana,
_ ¡el centro de la capital cubana.!_
Qué importa la indiferencia de los padres, abuelos y tíos
a estas horas de la tarde, en pleno mediodía,
si sabemos que están muy ocupados
en resolver la ecuación del pan de cada día...
Qué importa que el mal tiempo se estacione,
que las tormentas y las lluvias dejen sus huellas
en esos baches cotidianos y en los vertederos
repletos de escombros de ilusiones perdidas.
Qué importa que el huracán de enero del 59
se haya quedado enredado en esos balcones,
víctimas del odio y la avaricia en competencia.
Qué importa que afuera la blogosfera diga
que ya es hora de hacer elecciones reales,
que es tiempo de soltar todos los presos;
quitar las mordazas, eliminar los sectarismos;
que ha llegado la hora de acabar con las consignas,
y con los carteles barbudos, y con el luto de los pobres
muertos de esperar una aurora que no llega...
Qué importa que sea tarde para los viejos que no cuentan
la mitad de las cosas que callan por vergüenza.
Vergüenza de haber perdido en las apuestas
por ese futuro -hoy presente- cargado de ignominias:
con un bozal, unos arreos atados a la nuca,
y unos pies cansados de subir y bajar la cuesta,
con esa piedra de Sísifo a la espalda.
Nada de eso cuenta para esos niños que hoy juegan;
que convierten las calles harapientas y los basureros,
en campos de pelota. ¡Divina imaginación que los aparta,
del sin pan y sin zapatos y de tantas angustias
de las generaciones de jóvenes y viejos;
adultos que no los entienden cuando juegan!.
¡Qué importa lo que piensen los mayores!...
El tiempo no se detiene: es mediodía,
el mejor momento para ensayar un homerun
por las bases vacías de esperanzas,
un homerun arrasador de la algarabía
de cucarachas escondidas en las escaleras
disputándose el espacio con las ratas.
Qué importa que llueva, truene,
o relampaguee dentro de la plaza martiana,
y que el mundo no quiera escuchar
los secretos a voces, y no lea los carteles
colgados en las paredes desnudas de romances.
Qué importa para esos niños lo que pase ahora,
si esa calle está ahí, con sus huecos y miserias,
para que ellos, los futuros campeones del baseball cubano,
practiquen con entusiasmo desmedido,
golpeando la pelota que rebota de plaza en plaza,
de pueblo en pueblo, de esquina a esquina,
encendiendo las antorchas de futuras olimpiadas.
Esperanza E Serrano.
Fl, Estados Unidos
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Nota una primera versión de este poema fue publicado en la revista digital Vancuba
(http://galimatiaspublications.com/) el 26 de abril del 2009

2 comentarios:

aserecubano dijo...

Me gusta mucho este poema muy realista

Esperanza E. Serrano dijo...

Gracias aserecubano por tu visita. Te invito a que visites mi otro blog:
http://miscelaneas-cubano-americanas.blogspot.com y leas el relato que publiqué hoy titulado
Jacinta. Es una historia de amor...
Un abrazo Espe