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miércoles, 30 de noviembre de 2016

El anciano dictador murió hace mucho tiempo

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                     (foto de archivo tomada de internet)

Miriam Celaya
Los medios oficiales recién han anunciado la última y definitiva defunción de Fidel Castro y he creído percibir en el mensaje luctuoso más alivio que duelo. Si yo fuera una persona piadosa sentiría al menos una pizca de pena, pero no es el caso. Definitivamente, la piedad por los déspotas no se cuenta entre mis pocas virtudes. Y, como siempre he preferido el cinismo por sobre la hipocresía, estoy convencida de que el mundo será un mejor lugar sin él.
De cualquier modo, para mí ya el anciano dictador había muerto mucho tiempo atrás, en una fecha imprecisa, sepultado bajo alguna polvorienta lápida sin epitafio en lo más recóndito de mi memoria, así que solo puedo sentir curiosidad por lo que pudiera significar este esperado (desesperado) desenlace para aquellos que han mantenido atados sus destinos a cada espasmo de sus numerosas muertes.
Sin embargo, no porque yo le hubiese hecho un funeral anticipado deja de ser un acontecimiento su irreversible salida de este mundo. Ahora desaparecerá la imagen de fantasma derrotado en que se había convertido y también dejará de gravitar como una fatalidad inevitable sobre el ánimo supersticioso de la nación. Finalmente, se esclarecerá si es verdadero o falso aquel vaticinio de que “Cuba cambiará realmente cuando Fidel haya muerto”, porque para casi todos los cubanos suele resultar más cómodo esperar los cambios derivados del curso de la naturaleza que arriesgarse a hacerlos por sí mismos. Los pueblos que sienten vergüenza de sus destinos suelen arrojar sobre los sátrapas las culpas de su propia irresponsabilidad colectiva.
También están las nigromancias, un buen comodín para la desidia nacional. Hay mucha gente que cree en algún dios, en la fatalidad, en el tarot, en los signos zodiacales, en el I Ching, en el tablero de Ifá o en otras profecías de la más variada índole. Yo nunca he creído en ninguna de ellas, quizás porque aceptar como ciertos los misterios de las predestinaciones me hubiese llevado a sentir como una maldición haber nacido justamente en esta Isla en el propio año 1959. Lejos de ello, tan adversa casualidad acabó convirtiéndose en un reto que acepté con gusto y nunca conocí la sensación de profunda frustración que oprime a varias generaciones de cubanos asfixiados bajo el efecto del poder de una especie de entidad suprahumana que parecía reunir en sí el súmmum de todos los credos y que intervenía en todos los destinos. Un impostor, a fin de cuentas, que pretendía ser a la vez dios, oráculo y mantra.
Para casi todos los cubanos suele resultar más cómodo esperar los cambios derivados del curso de la naturaleza que arriesgarse a hacerlos por sí mismos
No obstante, tengo intactos los recuerdos, que han sobrevivido saludablemente a todo el cataclismo. ¿Cómo renegar de ellos si nuestro espíritu es pura memoria? Recuerdo sin amor, sin rencor, sin amargura y sin remordimientos, como si contemplara en una vieja película mi propia historia, que es la de millones de cubanos como yo. Incluso hay pasajes que me divierten. ¿Cómo pudimos ser alguna vez tan cándidos? ¿Cómo nuestros padres y abuelos permitieron que nos manipularan de una manera tan atroz? Fue por miedo. El verdadero poder de Fidel Castro nunca fue el amor de los cubanos, sino el temor inconfesable que estos sentían hacia él, un caudillo irracional y colérico, un sujeto cuya desmedida egolatría solo se equiparaba a su incapacidad para la empatía. A veces la fidelidad es solo un recurso de supervivencia.
Mirando en retrospectiva hacia los primeros 20 años de mi vida, recuerdo a Fidel Castro como una especie de magma omnipresente que invadía cada espacio de la vida pública y privada. Parecía tener el don de la ubicuidad y aparecer en todas partes a la vez. Mis recuerdos de infancia más lejanos están invariablemente asociados a aquella imagen del señor barbudo que jamás sonreía, vestido de perenne uniforme militar, cuyo retrato podía encontrarse en cualquier sitio, ya fuera sobre la pared de un edificio, en una valla, en las carátulas de las revistas, en los periódicos o en un cuadro cuidadosamente enmarcado de las salas de los cubanos revolucionarios, que entonces eran mayoría.
Ese mismo señor aparecía con mucha frecuencia en la pantalla del televisor de mi abuela (en mi fuero interno, yo creía que vivía dentro de aquel aparato), o invadía, tronante y fiero, todos los hogares desde las estaciones de radio haciendo largos discursos cargados de arengas, amenazando y regañando. Lucía siempre irritado, así que yo le tenía un poco de miedo y procuraba –con escaso o nulo éxito– mantenerme alejada de sus vibraciones. Mis mayores se inflamaban de éxtasis y hasta exclamaban entusiasmados ante esta o aquella bravata del falso profeta. “¡Es el Caballo! ¡Así se hace!”, bramaban los admiradores del nuevo hombre duro, embriagados de un fervor que yo no entendía pero que con el paso del tiempo acabó contagiándome.
En todo caso, “Fidel” era una de las primeras palabras que aprendían a decir los hijos de miles de familias que, como la mía, habían descubierto que eran revolucionarios repentinamente, al amanecer del primero de enero de 1959. Y así, también de súbito, en una nación de tradición católica menudearon los que se proclamaron ateos y renunciaron a Dios solo para acogerse a una nueva fe, Fidel Castro como salvador y el dogma comunista como catecismo.
El verdadero poder de Fidel Castro nunca fue el amor de los cubanos, sino el temor inconfesable que estos sentían hacia él
Mientras, un sinnúmero de familias se fracturaban por la polarización política y la emigración. Padres e hijos, hermanos, tíos, primos que poco antes vivían en armonía, se enfrentaron y tomaron distancia unos de otros, cargados de rencores. Hubo quienes nunca más volvieron a verse, y murieron sin el abrazo de la reconciliación. Muchos sobrevivientes de aquella ruptura telúrica andamos todavía recogiendo los fragmentos y tratando de recomponer algunas partes de nuestros maltratados linajes, siquiera por respeto y homenaje a nuestros difuntos enemistados por un odio ajeno.
Después vinieron las milicias, Playa Girón, la Crisis de los Misiles, el servicio militar obligatorio, la cartilla de racionamiento, las zafras monumentales, la Ofensiva Revolucionaria, Angola, las escuelas al campo y en el campo, la permanente consagración de los delirios interminables del Magno Ególatra. Y con el paso del tiempo comenzaron a llegar las señales de la ruina que nos empeñábamos en ignorar. Las crecientes carencias fueron acalladas con consignas y con descabellados planes gigantes condenados al fracaso, todas las libertades quedaron sepultadas y desaparecieron los derechos, sacrificados en el altar verde olivo bajo el peso de palabras otrora sagradas y ahora envilecidas por los discursos (“patria“, la más mancillada; “libertad“, la más fraudulenta), mientras –desapercibidos y ciegos– los propios cubanos ayudábamos a construir las rejas de nuestra cárcel y, dóciles, dejábamos las llaves en manos del carcelero.
El primer gran cisma entre el orador-orate y yo fueron los sucesos de la embajada de Perú y, en especial, la estampida de Mariel, entre abril y mayo de 1980. No fueron, sin embargo, eventos aislados. En 1978 se habían producido las primeras conversaciones (acercamiento, se les suele decir) entre la dictadura y un grupo de emigrados radicados en Estados Unidos, cuyo resultado fue la inauguración de los viajes de visitas familiares en 1979, aunque en una sola dirección: de Miami a la Isla.
Los propios cubanos ayudábamos a construir las rejas de nuestra cárcel y, dóciles, dejábamos las llaves en manos del carcelero
De repente, ya los apátridas-gusanos-contrarrevolucionarios no eran tales, sino “nuestros hermanos de la comunidad cubana en el exterior”, que habían sido capaces de conservar los valores culturales originarios y su propia lengua en tierras extranjeras, y a los que les asistía todo el derecho a visitar su país de origen y reencontrarse con sus familias. Ahora venían contentos y cargados de regalos para los pordioseros que habían elegido a una revolución que proclamaba la pobreza como virtud. Ingenuos o no, muchos sentimos la manipulación y descubrimos que habíamos sido estafados, y aunque de un largo y profundo letargo no se despierta a la primera campanada, comenzamos a vivir en alerta y a cuestionar el sistema.
Entonces, sin esperarlo, los hombres nuevos, formados bajo los principios de esa célebre meretriz llamada Revolución, asistimos sorprendidos al espectáculo de la multitud que se aglomeraba en la sede diplomática peruana y a la fuga masiva por el puerto de Mariel. Y quedamos perplejos ante los miles de desertores y horrorizados ante los mítines de repudio, las golpizas, vejaciones e insultos a los que emigraban y la impunidad con que se producía una barbarie que solo era posible instigada y bendecida desde el poder.
Para entonces yo recién había estrenado mi maternidad, y ante cada escena de espanto me aferraba a la ternura por mi hijo. Creo que fue cuando comencé a rasgar definitivamente todos los tupidos velos de la mentira en la que había vivido por 20 años y me obsesioné con la búsqueda de la verdad en la que formaría a mis hijos: la libertad como don que portamos dentro, que nadie otorga, que nace con el ser. Y así terminó el liderazgo de Fidel Castro sobre mi persona, arrastrando en su caída toda posibilidad de deslumbramientos futuros en mi espíritu. Ese año emergió la disidente que vivía acallada dentro de mí, y el paradigmático líder de mi adolescencia comenzó a transmutarse en enemigo.
Temor, admiración, respeto, devoción, duda, incredulidad, rencor, desprecio y, por último, la más absoluta indiferencia, fueron las sensaciones que su existencia marcaron en mí
Por eso no me hicieron mella los difíciles acontecimientos y las batallas fidelistas que transcurrieron tras mi conversión: el caso Ochoa y los fusilamientos asociados, el Período Especial resultante del desplome del socialismo real, el Maleconazo, la Crisis de los Balseros, el niño Elián, las Tribunas Abiertas, las Mesas Redondas, los Cinco Espías, la Primavera Negra, la Batalla de Ideas, la Revolución Energética y tantos despropósitos que acabaron engrosando las filas de los descontentos y de los desencantados, ensanchando la grieta entre el poder y millones de cubanos.
Mis sentimientos por Fidel Castro pasaron por varias etapas. No podía ser de otra manera si nací en 1959, si crecí en una familia fidelista y si toda mi vida ha transcurrido en Cuba. Temor, admiración, respeto, devoción, duda, incredulidad, rencor, desprecio y, por último, la más absoluta indiferencia, fueron las sensaciones que su existencia marcaron en mí.
La noticia de su muerte, pues, no me despierta emociones. Hace poco un amigo me decía, sabiamente, que Fidel Castro no era causa, sino consecuencia. Me parece una sentencia acertada para resumir la historia e idiosincrasia de la nación cubana. Porque los cubanos no somos (no hemos sido nunca) un resultado de la existencia de Fidel, sino a la inversa: la existencia de un Fidel fue posible solo gracias a los cubanos, más allá de las tendencias políticas o ideológicas, más allá de nuestras simpatías o rencores. Sin nosotros (todos) no se hubiera sostenido el poder de su larga dictadura.
Por eso aprovecho esta, su muerte definitiva, para brindar sinceramente, no a su memoria, sino por la nuestra. ¡Que no nos falte nunca más la memoria, para que no olvidemos estas décadas de vergüenza, para que no se repitan más Fideles en esta tierra! Y brindo también, con toda mi fe, para celebrar la oportunidad que esta venturosa muerte abre a la nueva vida que habremos de edificar al fin en paz y concordia todos los cubanos.



Autor: Miriam Celaya - 14ymedio categoría:Artículos y Opinión, Derechos humanos, Dictadura, Historia, Política 26 Nov 16

martes, 29 de noviembre de 2016

Carlos Payá: La esperanza de cambio está en el trabajo que hagan los cub...

Los cubanos que acuden a homenajear a F. Castro firman un juramento de lealtad



Cubanos firman el juramento en la Plaza de la Revolución. La Habana, 28 de noviembre de 2016. (AP)

Los cubanos que asisten a los homenajes a Fidel Castro están firmando un juramento de fidelidad al concepto de revolución del dictador.

El juramento es parte de las disposiciones de la Comisión Organizadora del Comité Central del Partido Comunista, el Estado y el Gobierno para las honras fúnebres de Fidel Castro, y el régimen ha habilitado puntos en la Plaza de la Revolución y en todo el país, para que lo suscriban trabajadores, estudiantes e incluso niños.

El texto es un párrafo del discurso pronunciado por Fidel Castro el 1 de mayo de 2000.

"Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo; es luchar con audacia, inteligencia y realismo; es no mentir jamás ni violar principios éticos; es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas", dice el texto.

"Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo, que es la base de nuestro patriotismo, nuestro socialismo y nuestro internacionalismo", añade.
http://www.diariodecuba.com/cuba/1480376693_27045.html


" Las cenizas de Fidel Castro reposan en la sala Granma del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), donde hoy le rindieron homenaje su hermano, el presidente Raúl Castro, junto con altos cargos del Gobierno y del Partido Comunista de la isla, informó hoy la televisión cubana".
El pueblo hace largas colas para rendirle homenaje  en la Plaza Cívica en la que encuentarn el libro de firmas, una foto del coma andante y flores.
....

¿Dónde están las cenizas de Fidel Castro?
Eso es lo que se preguntan los habaneros que han acudido este lunes a la Plaza de la Revolución, durante la primera jornada de las honras fúnebres.
Los fieles de Castro han recorrido una alargada y compungida fila que se extiende por tres de los costados del mausoleo y al llegar al sitio donde supuestamente se despedirían de su líder, se han encontrado con una foto de Fidel enorme en los tiempos del ejército rebelde mochila al hombro, con flores amarillas hermosísimas y un esbozo de sus principales condecoraciones detrás de un cristal.
Pero no hay más nada. Las cenizas de Fidel no están allí.
Mas información;
http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-38140297

lunes, 28 de noviembre de 2016

Las 13 recomendaciones para el epitafio de Fidel Castro Ruz

 Las 13 recomendaciones para el epitafio de Fidel Castro
El escritor y Profesor T. Lawrason Riggs de Historia y Estudios Religiosos en la Universidad de Yale Carlos Eire ha escrito un artículo en el diario 'The Washington Post' en el que critica el mito de Fidel Castro .
El intelectual considera a Castro "uno de los dictadores más brutales de la historia moderna" y le sorprende que algunos puedan lamentar su muerte e incluso elogiarlo sin recordar "el dolor y sufrimiento que causó", según sus palabras.
Para Eire, la fascinación que Castro provoca en ciertos sectores de la izquierda mundial es uno de los mayores éxitos del expresidente cubano y, en su opinión, una muestra del éxito de la propaganda del Gobierno de Cuba.
Por último, en su artículo en el diario estadounidense propone 13 hechos de la vida de Fidel Castro que en su opinión debieran tallarse en su lápida y escribirse en sus necrológicas y que por su interés reproducimos a continuación:
  • Convirtió a Cuba en una colonia de la Unión Soviética y casi causó un holocausto nuclear.
  • Patrocinó el terrorismo donde pudo y se alió con muchos de los peores dictadores de la tierra.
  • Fue responsable de tantas ejecuciones y desapariciones en Cuba que es difícil calcular un número preciso.
  • No toleró discrepancia alguna y construyó campos de concentración, que llenó al máximo, a un ritmo sin precedentes. Encarceló un porcentaje mayor de su propio pueblo que la mayoría de los demás dictadores modernos, entre ellos, Stalin.
  • Aprobó y promovió la práctica de la tortura y de los asesinatos extrajudiciales.
  • Obligó al exilio a casi un 20 por ciento de sus compatriotas, muchos de los cuales hallaron la muerte en el mar, sin ser vistos ni contados, mientras se escapaban de él en burdas naves.
  • Reclamó toda propiedad para sí mismo y para sus secuaces, cortó la producción de alimentos y empobreció a la vasta mayoría de su pueblo.
  • Prohibió la empresa privada y los sindicatos, eliminó la amplia clase media cubana y convirtió a los cubanos en esclavos del estado.
  • Persiguió a los homosexuales e intentó erradicar la religión.
  • Censuró todos los medios de expresión y comunicación.
  • Estableció un sistema escolar fraudulento que proporcionó adoctrinamiento en lugar de educación y creó un sistema sanitario de dos niveles, con asistencia médica inferior para la mayoría de los cubanos, y superior para sí mismo y su oligarquía. Después, sostuvo que todas sus medidas represivas eran absolutamente necesarias para asegurar la supervivencia de esos proyectos de bienestar social ostensiblemente “gratuitos.”
  • Convirtió a Cuba en un laberinto de ruinas y estableció una sociedad de apartheid, en que millones de visitantes extranjeros gozaron de derechos y privilegios vedados a su pueblo.
  • Nunca se disculpó por sus crímenes ni fue procesado por ellos.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Muerto y será cremado

Ya está muerto!

Al fin algo que he estado esperando desde el 2006
No más clon,no más dobles, no más coma andante
Es oficial. Lo publicó Cubadebate
26 noviembre 2016 | 151
Palabras de Raúl: "Hoy 25 de noviembre, a las 10:29 horas de la noche falleció el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz. En cumplimiento a la voluntad expresa del Compañero Fidel, sus restos serán cremados. En las primeras horas de mañana sábado 26, la comisión organizadora de los funerales, brindará a nuestro pueblo una información detallada sobre la organización del Homenaje póstumo que se le tributará al fundador de la Revolución Cubana. ¡Hasta la victoria siempre!" »
.....
Pasará a la historia como el más vil de todos los tiranos, como un enemigo de la humanidad. Su alma torcida, llena de odio,sus complejos, su impotencia, su megalomanía, su paranoía, lo llevó a cometer inumerables crímenes. Con el uso desmedido de la demagogia oportunista propia de los izquierdistas recalcitrantes, llegó al poder prometiendo el paraiso terrenal en la isla caribeña . Su legado politico ha dividido, destruido y arruinado la tierra donde nació. Impuso leyes absurdas para violar impunemente los derechos humanos del pueblo cubano al implantar un regimen totalitario absolutista, dinástico, militarista. Fusiló inocentes y castigó severamente a sus adversarios políticos con la pena de muerte, la persecución, la cárcel, o el destierro. Se inventó un enemigo gigante con el que manipuló a los tontos útiles que lo adoraron ciegamente a pesar de ser el anticristo.
Traicionó al pueblo que confió en él. Mintió descaradamente para lograr sus macabros objetivos. Acumuló riquezas robando vilmente lo que debió respetar por el bien de la patria. Vivió como un rey bastardo rodeado de una corte de aduladores que lo ayudaron a esclavizar a más de once millones de cubanos...
Nunca le perdonaré a él ni a los que lo mantuvieron en el poder, todo el daño que le han causado a la tierra donde nací

Esperanza E Serrano

Otra opinión de un cubano integro
 
Ojalá se hubiese muerte muchos años atrás o que Batista haciendo uso de su falta de escrúpulos lo hubiese mandado a ajusticiar como mató a muchos otros terroristas… pero no, Castro vivió para hacer daño, para destruir la nación cubana, separar familias, reinstaurar la pena de muerte en la isla y mandar a la muerte a cientos de miles de cubanos lo mismo por pelotón de fusilamiento que ahogados en el Estrecho de La Florida, que desaparecidos, sin contar los millones de muertos por el terrorismo que él apoyó y subvencionó con la ayuda de la Unión Soviética en América Latina, África, Asia y Medio Oriente, incluso Europa y Estados Unidos.
La muerte de Castro ha sido la más larga en la historia, ha ido desapareciendo del ojo público, apagándose hasta convertirse en un cadáver que malamente respiraba. La tiranía está firmemente asida al poder y Cuba seguirá bajo la bota comunista que ha despedazado la economía y la moral cubana con la anuencia de la comunidad internacional y sobre todo de Europa y América Latina.
En estos momentos es imposible para los cubanos hacer algo para cambiar tan lamentable situación, el dominio es absoluto, son esclavos y nunca un esclavo pudo terminar con la esclavitud, tuvo que ser una decisión de poderosos, de naciones, (si no me creen pregúntenle a los venezolanos o a los rusos o a todos los países de Europa del Este que tuvieron que esperar por un Gorbachov para ser libres).
Mi Cuba no existe, no existe una nación lógica y capaz de evolucionar civilizadamente y éste es quizás el peor daño que Castro ha hecho, destruir la personalidad, la idiosincrasia, las raíces y la voluntad del pueblo.
Su muerte llega tarde pero confío que la natural bondad, alegría y ganas de mejorar innatas al cubano triunfen sobre la maldad, la oscuridad, la destrucción en las que Castro nos ha sumido por tantos años.
¡Viva Cuba!

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Feliz Día de Acción de Gracias. Happy Thanksgiving.



  Thanksgivin es un día muy especial. Es día de dar gracias y de celebrar en familia.
Dar gracias a Dios por todo lo que hasta ahora hemos vivido y también por permitirnos disfrutar con la familia y los amigos una buena cena. Es día de agradecer y compartir alegrías, exitos, ofracasos y  penas, porque nunca faltan, son parte de la vida misma, pero hay que agradecer por  las penas y los fracasos porque ellos son las pruebas necesarias que nos permiten crecer, ganar experiencia, meditar, aprender, levantarnos, volver a empezar, seguir adelante, todo lo cual nos ayuda al desarrollo individual. Una vida sin penas, fracasos y dolor, sería muy aburrida. Si todo es bueno, si todo es miel y color de rosas, no hay que preocuparse por nada y quien no se preocupa no vive.
Particularmente desde hace muchos años tengo la costumbre de dar gracias a Dios  al despertarme, darle gracias por dejarme ver la luz de un nuevo día y a la vez pedirle fuerzas para enfrentar lo que ese nuevo día me depare.
Este año nuevamente nos reuniremos una parte de la familia para celebrar y dar gracias pensando también en aquellos seres que nos son muy queridos por ser parte de nuestras vidas y que por razones ajenas  a nuestra voluntad, están lejos físicamente, 
 La lista de mis seres queridos ausentes  es larga, por eso le pido a Dios que aleje de mi la tristeza, el desánimo y me dé fuerzas para, una vez más, darle las gracias por las cosas buenas  que la vida me ha deparado como también por las cosas no tan buenas o malas que también he vivido. Experiencias amargas, dolor, desengaños... Sufrimientos que me han servido para crecer y probarme a mí misma que la vida, con todos sus matices, sus altas y bajas, bien vale la pena vivirla a plenitud, porque es, a fin de cuentas, el mejor regalo que Dios nos ha dado.
A todos les deseo un feliz día, lleno de paz, amor, solidaridad y bendiciones.
Esperanza E Serrano
Nov24 2016

domingo, 20 de noviembre de 2016

Un cesto demasiado pesado

Picture
 Getty Images
LA EX secretaria de Estado Hillary Clinton recibe un homenaje en el Newseum, en Washington, el 16 de noviembre, en la primera vez que habla en público después de aceptar su derrota electoral.
Hillary Clinton tenía todo a su favor para ganar la presidencia: la adulación de Hollywood, el apoyo del Presidente, la protección de un corrupto Departamento de Justicia, un Director del FBI flojo, una prensa cómplice, un Wall Street a sus pies, y legiones de fanáticos, incluyendo influyentes periodistas, para intimidar a quienes se manifestaran en contra de ella.
Nada le valió. Sus aspiraciones presidenciales fueron aplastadas por el “cesto de deplorables”, como ella misma clasificó a los seguidores de Donald Trump, el cual contenía algo más que racistas, sexistas, homofóbicos, xenofóbicos e islamofóbicos. En él estaba la clase trabajadora que ha visto disminuir sus ingresos y en muchos casos desaparecer, por razones tales como drásticas regulaciones ambientales insostenibles para muchos negocios, un Obamacare cada vez más costoso y que en muchos casos acortó sus horas de trabajo, y un crecimiento del PIB de menos de 3% en los últimos 8 años.
Esa clase obrera no escuchó un mensaje de esperanza en las palabras de la Sra. Clinton, la cual prometió continuar con las mismas políticas fallidas de Barack Obama, todas inclinadas a una hipócrita filosofía liberal de izquierda que predica la redistribución de la riqueza, mientras la elite que la apoya esconde su dinero, como ha hecho George Soros, en paraísos fiscales; o como los Clinton, tras fundaciones caritativas que le protegen su capital, mientras explotan las aspiraciones del ciudadano común que se “rompe el lomo” trabajando, y es la columna vertebral de este país.
Esa clase obrera, erróneamente generalizada en la persona de un ciudadano blanco, denigradamente tildado como de “poca educación y mente estrecha” por los elitistas intelectuales que consideran al resto de nosotros estúpidos –palabras textuales de Jonathan Gruber, arquitecto del Obamacareencontró su voz en Donald Trump. Y fue ese obrero con sus manos embarradas de grasa, o tizne en su rostro, o pala en mano, o herramientas colgando de su cintura, el que demostró ser muy inteligente porque echó a un lado los escándalos sexuales, reales o inventados, con que pretendieron destruir a Donald Trump y ser práctico decidiendo quien le ofrecía la oportunidad de poner más dinero en su bolsillo.
Pesó, también, en la decisión de este obrero “de poca educación y mente estrecha”, la corrupción de la Sra. Clinton, sin precedentes en una candidata presidencial; algo que los elementos que enumero al principio, hipócritamente decidieron ignorar envueltos en un falso puritanismo que ponía más énfasis en la declaración de impuestos de Trump y su lenguaje abusivo sobre las mujeres. De nada sirvió. El obrero “de poca educación y mente estrecha”, ese del “cuello azul”, decidió que el candidato que creó una bella familia, muchos empleos, y se pasó su vida entera trabajando para construir una exitosa marca reconocida en el mundo entero, era más confiable, que quien creó una millonaria fortuna en unos 14 años vendiendo su influencia política, y específicamente aprobó la venta de 20 por ciento de nuestro uranio a Rosatom, la agencia nuclear rusa, lo cual le valió $145 millones en dudosas donaciones a su Fundación Clinton. En un mundo que no es perfecto, ¿a quien confiaría mejor el lector los códigos nucleares?
Las elecciones, que otorgaron también control del Congreso a los republicanos, han sido un repudio total a las fallidas políticas de Barack Obama cuya administración ha gobernado, como escribí en esta misma sección hace dos años, valiéndose de traquimañas y cañonas. El mantra parece haber sido mentir. Mintió el Presidente acerca de mantener nuestros médicos bajo el Obamacare, mintió cuando dijo que conoció del servidor privado de la Sra. Clinton a través de la prensa, mintió cuando dibujó la imaginaria línea roja en Siria, mintió cuando dijo que defendería los derechos humanos en Cuba y no viajaría a la isla hasta tanto los Castro hicieran concesiones. ¡Mintió, mintió y mintió!
¿Y la candidata Clinton? Solo ha dicho una verdad. Cuando colocó en un “cesto de deplorables” a los partidarios de Donald Trump, se equivocó en lo segundo, pero no en lo primero. Porque el cesto le cayó encima el pasado 8 de noviembre aplastándola. No triunfó la America blanca, ¡no!; triunfó la clase obrera y triunfó la democracia.

ANÓLAN PONCE
Escritora cubana y activista de los derechos humanos. 

jueves, 17 de noviembre de 2016

Promesas incumplidas - Viviendas sin construir en el Vedado, La Habana, ...

Hate didn't elect Donald J. Trump; people did

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Over the summer, my little sister had a soccer tournament at Bloomsburg University, located in central Pennsylvania. The drive there was about three hours and many of the towns we drove through shocked me. The conditions of these towns were terrible. Houses were falling apart. Bars and restaurants were boarded up. Scrap metal was thrown across front lawns. White, plastic lawn chairs were out on the drooping front porches. There were no malls. No outlets. Most of these small towns did not have a Walmart, only a dollar store and a few run down thrift stores. In almost every town, there was an abandoned factory.
My father, who was driving the car, turned to me and pointed out a Trump sign stuck in a front yard, surrounded by weeds and dead grass. “This is Trump country, Tori,” He said. “These people are desperate, trapped for life in these small towns with no escape. These people are the ones voting for Trump.”
My father understood Trump’s key to success, even though it would leave the media and half of America baffled and terrified on November 9th. Trump’s presidency has sparked nationwide outrage, disbelief and fear.
And, while I commend the passion many of my fellow millennials feels towards minorities and the fervency they oppose the rhetoric they find dangerous, I do find many of their fears unfounded.  I don’t find their fears unfounded because I negate the potency of racism. Or the potency of oppression. Or the potency of hate.
I find these fears unfounded because these people groups have an army fighting for them. This army is full of celebrities, politicians, billionaires, students, journalists and passionate activists. Trust me, minorities will be fine with an army like this defending them.
And, I would argue, that these minorities aren’t the only ones who need our help. The results of Tuesday night did not expose a red shout of racism but a red shout for help.
Journalists are now reporting that Trump won because rural America voted for him in droves. I see a lot of journalists reporting about the what, the who, and the how of this election, but not many are tackling the why. I do not at all feel qualified enough to discuss the why of this, but I don’t see anybody bringing up the astounding poverty found in rural America and that the desperation found in these areas is what prompted the rise of Donald Trump. Perhaps this will inspire more intelligent people than I to look into this more deeply.
It’s easy to point to these small, impoverished towns and name racism, the second amendment or plain stupidity as the only reasons why these people would ever vote for a man like Donald Trump. I find this to be highly intellectually dishonest, though. To write this off as simple racism is to ignore the very real and very heartbreaking struggles small town America faces.
The majority of rhetoric going around says that if you’re white, you have an inherent advantage in life. I would argue that, at least for the members of these small impoverished communities, their whiteness only harms them as it keeps their immense struggles out of the public eye.
Rural Americans suffer from a poverty rate that is 3 points higher than the poverty rate found in urban America. In Southern regions, like Appalachia, the poverty rate jumps to 8 points higher than those found in cities. One fifth of the children living in poverty live rural areas. The children in this “forgotten fifth” are more likely to live in extreme poverty and live in poverty longer than their urban counterparts. 57% of these children are white. 
Education, particularly college, is less attainable to those living in rural areas. 64% of young people in rural areas attend college, compared to the 70% of students who attend universities in metro areas. 47% of these small town students who end up attending college only go for a two-year degree, while only 38% of urban students attain only a two-year degree.  And, when these students do fight the odds and attend a university, they don’t come back to their place of origin due to the lack of jobs.
Rural Americans also suffer from a lower life expectancy. Those living in Appalachia regions, in particular, have a life expectancy that is declining at a rate that is worse than anywhere else in the USA. Those living in rural America are more likely to suffer from depression. Alcohol and substance abuse  is prevalent in rural America and 25.9% of those entering rehab for addictions are between the ages of 12-17.  The chronic pain that comes from vocations such as mining has caused the heroin epidemic sweeping small towns.
The most well-known ailment of the rural Appalachian mountain region is mountain dew mouth, which is the rotting of teeth caused by an overconsumption of Mountain Dew. This soda is prevalent in Appalachian culture because it’s cheaper than milk, Mountain Dew originated in the Appalachian region and the water in these areas is often too polluted to drink.  In extreme cases, mothers have even been documented feeding their babies Mountain Dew out of bottles.
Those living in rural America don’t even have access to many of the same services those living in urban America do. This includes health services, like clinics and hospitals, and social services.
Lauren Gurley, a freelance journalist, wrote a piece that focuses on why politicians, namely liberal ones, have written off rural America completely. In this column she quotes Lisa Pruitt, a law professor at the University of California who focuses many of her studies on life in rural America. Pruitt argues that mainstream America ignores poverty stricken rural America because the majority of America associates rural poverty with whiteness. She attributes America’s lack of empathy towards white poverty to the fact that black poverty is attributed to institutionalized racism, while white people have no reason to be poor, unless poor choices were made.
“For better or worse,” says Pruitt, “when we talk about poverty, we focus on black poverty, and we focus on Hispanic poverty. We’ve collapsed our nation’s poverty problem into our nation’s racism problem and it leads us to turn a blind eye to rural poverty.”
For arguably the first time since President Kennedy in the 1950’s, Donald Trump reached out to rural America. Trump spoke out often about jobs leaving the US, which has been felt deeply by those living in the more rural parts of the country. Trump campaigned in rural areas, while Clinton mostly campaigned in cities. Even if you do not believe Trump will follow through on his promises, he was still one of the few politicians who focused his vision on rural communities and said “I see you, I hear you and I want to help you.”
Trump was the “change” candidate of the 2016 election. Whether Trump proposed a good change or bad change is up to you, but it can’t be denied that Trump offered change. Hillary Clinton, on the other hand, was the establishment candidate. She ran as an extension of Obama and, even though this appealed to the majority of voters located in cities, those in the country were looking for something else. Obama’s policies did little to help  alleviate the many ailments felt by those in rural communities. In response, these voters came out for the candidate who offered to “make America great again.”
I believe that this is why rural, white communities voted for Trump in droves. I do not believe it was purely racism. I believe it is because no one has listened to these communities’ cries for help. The media and our politicians focus on the poverty and deprivation found in cities and, while bringing these issues to light is immensely important, we have neglected another group of people who are suffering. It is not right to brush off all of these rural counties with words like “deplorable” and not look into why they might have voted for Trump with such desperation.
It was not a racist who voted for Trump, but a father who has no possible way of providing a steady income for his family. It was not a misogynist who voted for Trump, but a mother who is feeding her baby mountain dew out of a bottle. It was not a deplorable who voted for Trump, but a young man who has no possibility of getting out of a small town that is steadily growing smaller.
The people America has forgotten about are the ones who voted for Donald Trump. It does not matter if you agree with Trump. It does not matter if you believe that these people voted for a candidate who won’t actually help them. What matters is that the red electoral college map was a scream for help, and we’re screaming racist so loud we don’t hear them. Hatred didn’t elect Donald Trump; People did.
https://victorialsanders.wordpress.com/2016/11/12/hate-didnt-elect-donald-trump-people-did/

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Cuba, verdades y medias tintas: Vivir en Miami y curarse en la isla.

Muchos cubanos regresan a la Isla a recibir atención médica (foto archivo)
   Cubanos regresan a la Isla a recibir atención médica (foto archivo)

 Cubanos con residencia extranjera que regresan a La Habana en busca de atención médica

LA HABANA, Cuba.- Olga vive desde hace varios años en Hialeah. Dos de sus hijos la reclamaron y actualmente es una cubana de 68 años, residente en los Estados Unidos. Sin embargo, a pesar de que, debido a sus múltiples padecimientos médicos, es beneficiaria de una ayuda económica del gobierno norteamericano, todos los años regresa a Cuba para recibir atención médica, comprar medicamentos regulados y, de paso, dejar algo del dinero ahorrado de la pensión a sus otros hijos que se mantienen en la isla. Su caso no es excepcional, es similar al de otros miles de cubanos.
Mercedes, otra cubana residente en el estado de la Florida, se marchó de la isla en el 2003 y regresa todos los años para continuar un tratamiento debido al hipotiroidismo que padece, consecuencia de un tumor recurrente en las glándulas tiroideas:
“Me fui (en el 2003) ya operada y con tratamiento (…). Regreso todos los años, me hago las pruebas aquí en la Covadonga y recibo tratamiento normalmente, como si viviera aquí. (…) No tengo que pagar pero siempre traigo regalitos a la enfermera, a los médicos, a todos los que me atienden, así aseguro que siempre me atiendan. (…) Con todo y eso, aquí en Cuba resulta más barato que en Estados Unidos. (…) Me renuevan el tarjetón todos los años (tarjeta para la adquisición de medicamentos regulados en las farmacias estatales) y así yo compro las pastillas que necesito y me las llevo porque también me salen muy baratas”, afirma Mercedes que además aprovecha sus visitas a Cuba para adquirir en las farmacias grandes cantidades de Captopril de 25 mg y de ácido acetil salicílico de 125 mg, otros medicamentos regulados que su esposo, también residente en los Estados Unidos, usa para el tratamiento de la hipertensión arterial:
“También es un medicamento por tarjetón pero yo lo consigo fácil en las farmacias, pagándolo a sobreprecio. No tenemos dinero para venir los dos a Cuba, así que mi esposo no ha podido cambiar el tratamiento para la presión. El año que viene tendremos que sacrificarnos y viajar los dos porque a él ya tienen que cambiarle la dosis o el medicamento”, dice Mercedes.
Otras personas también aceptan que han tenido que pagar, más bien sobornar, para lograr o agilizar las atenciones médicas en centros hospitalarios gratuitos de La Habana, tanto los que retornan periódicamente para recibir o continuar tratamientos o aquellos que se preparan a emigrar.
Osmany tiene 32 años y emigrará a los Estados Unidos antes que finalice el 2016. Pudo viajar desde junio pero ha postergado la salida para, como él mismo afirma, “irse como nuevo”. Con la expresión describe un procedimiento que se ha convertido en habitual para quienes se marchan “definitivamente”.
Osmany lleva meses sometiéndose a chequeos médicos exhaustivos y a varios tratamientos estomatológicos. Ha escuchado sobre los altos costos de la salud en los Estados Unidos e intenta quitarse un gran peso de encima, más cuando se alista para realizar su sueño de triunfar y hacer dinero, una quimera que pudiera ser frustrada por una enfermedad repentina, no sospechada.
“Me hice todos los análisis, de hemoglobina, de azúcar, VIH, electrocardiogramas y hasta me revisé la próstata. Me arreglé toda la boca. Ahora estoy pensando en extraerme el apéndice. Quiero estar como un bebé, irme como nuevo. (…) He tenido que pagar algo pero sé que eso no es nada con lo que dicen que vale allá (en los Estados Unidos)”, comenta Osmany.
¿Demasiado peso para el sistema de salud?
Clínica Cira García, ubicada en La Habana y destinada solo para extranjeros (foto archivo)
Clínica Cira García, ubicada en La Habana y destinada solo para extranjeros (foto archivo)
El número creciente de casos de cubanos no residentes en Cuba así como de personas en vías de emigrar que constantemente reciben atención médica gratuita en la isla fuera de cualquier control, pudiera ser uno de esos grandes problemas, al parecer no detectados que, en corto plazo, contribuirán al colapso de un sistema de salud virtualmente gratuito pero inmerso en una crisis por falta de recursos y de especialistas.
Juan Carlos, cardiólogo de un hospital de la capital cubana, aunque no admite recibir sobornos por sus servicios, reconoce que son decenas los casos de cubanos no residentes que son atendidos a diario:
“Puedo tener varios casos en el día. Los traen las enfermeras, las recepcionistas, amigos, vecinos u otros colegas de otras especialidades, te piden el favor y terminas atendiéndolos porque uno hace lo mismo. (…) Yo no cobro pero no descarto que otros lo hagan porque a mí me han propuesto dinero, regalos y esa es la mecánica. (…) Son cubanos igual que uno, pero uno entiende que el dinero les facilita un tratamiento preferencial, y al mismo tiempo están consumiendo recursos que les corresponden a los cubanos que residen en Cuba. (…) No es un asunto político, ni de discriminación, es un problema de sacar cuentas y ver que no es sostenible”, opina Juan Carlos.
Ana María, una médico con más de treinta años en el ejercicio de su profesión, también reconoce que son numerosos los casos y que, posiblemente, están repercutiendo negativamente en el sistema de salud:
“No hay modo de saber cuánto está afectando la situación. No sabes quién reside fuera y quién no. Pero hay cientos de hospitales en Cuba y tengamos en cuenta que todos los meses pudieran atenderse por lo bajito unos diez o veinte casos como esos. (…) No existe un sistema constantemente actualizado sobre quiénes son los que no deben recibir atención gratuita por su situación migratoria. Hay quienes viven fuera de Cuba desde hace más de veinte años y continúan asistiendo a consulta y comprando sus medicamentos en nuestras farmacias a pesar de recibir otros beneficios de salud en los países donde residen permanentemente. (…) lo hacen porque les sale más barato aquí y porque no existe control ni en los hospitales ni en las aduanas, por donde salen kilogramos de medicamentos regulados que después están en falta en las farmacias. (…) En mi experiencia como médico y como directora he visto y he tenido muchos casos. (…) Nadie lo ve como soborno sino como un gesto de agradecimiento pero tengo que reconocer que eso ha sido malísimo (para) nuestro sistema de salud y se están afectando miles de personas que están en desventaja solo por vivir en Cuba y no contar con recursos para obtener una buena atención”, opina la también exdirectora de un hospital de la capital cubana.
Oscar, especialista de un Centro de Rehabilitación Integral en Arroyo Naranjo, reconoce que algunos de sus pacientes son cubanos residentes en el exterior de manera permanente:
“Cubanos que se fueron hace años. Yo atiendo varios casos, incluso de extranjeros casados con cubanos o que tienen amigos aquí y vienen a hacerse tratamientos o chequeos por 20 o 30 dólares, cosas que allá les pueden salir en miles de dólares. (…) También están los que compran las recetas, los tarjetones, y todo eso lo da la necesidad de ganar dinero como sea. (…) Las consecuencias son peligrosas porque el poco medicamento que llega a las farmacias termina siendo acaparado por las propias dependientas que prefieren venderlo al mejor postor. (…) En las consultas suceden cosas parecidas, los médicos terminan priorizando al que le trae el regalito o los fulitas (dólares), no escatima entonces en hacerles análisis, placas, resonancias magnéticas, algo que a cualquier cubano de a pie le cuesta meses y hasta años de consultas y listas de espera”, declara Oscar.
Cada vez son más comunes estas escenas: salas de espera colapsadas en centros hospitalarios de la isla (foto archivo)
Cada vez son más comunes estas escenas: salas de espera colapsadas en centros hospitalarios de la isla (foto archivo)
Según los datos migratorios más recientes, publicados por la Oficina Nacional de Estadísticas, desde el 2008 y hasta el 2012 la migración externa registró una tendencia creciente donde cerca del 60 por ciento correspondía a personas adultas. Desde 2013 hasta la fecha, el promedio de cubanos marchando definitivamente hacia los Estados Unidos se mantuvo sobre las 20 000 personas anuales, cifra que no contempla a los cubanos que eligieron otros países para establecerse. La composición etaria y el incremento de la emigración cubana conducen a pensar en un posible aumento de la cantidad de aquellos que más tarde, luego de obtener la residencia, retornan regularmente a Cuba por asuntos de salud y se torna preciso calcular qué beneficios o perjuicios representan para la economía cubana.
Es preocupante que no existan estudios realizados o en vías de realizarse que vinculen los datos migratorios con otro tipo de estadísticas del sector de la salud que ayuden a calcular los efectos de este fenómeno en una economía en proceso de reformulación y un sistema de salud debilitado. Sin embargo, más que tales ausencias, llama la atención que, siendo este un problema de larga data y que posiblemente resulte un agravante de la crisis actual, hasta el momento no haya sido implementado desde las instancias de gobierno un sistema de control efectivo o que, desde la prensa oficialista, ningún funcionario haya activado las alarmas.
  
Ernesto Pérez Chang
Ernesto Pérez Chang
Ernesto Pérez Chang (El Cerro, La Habana, 15 de junio de 1971). Escritor. Licenciado en Filología por la Universidad de La Habana. Cursó estudios de Lengua y Cultura Gallegas en la Universidad de Santiago de Compostela. Ha publicado las novelas: Tus ojos frente a la nada están (2006) y Alicia bajo su propia sombra (2012). Es autor, además, de los libros de relatos: Últimas fotos de mamá desnuda (2000); Los fantasmas de Sade (2002); Historias de seda (2003); Variaciones para ágrafos (2007), El arte de morir a solas (2011) y Cien cuentos letales (2014). Su obra narrativa ha sido reconocida con los premios: David de Cuento, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), en 1999; Premio de Cuento de La Gaceta de Cuba, en dos ocasiones, 1998 y 2008; Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, en su primera convocatoria en 2002; Premio Nacional de la Crítica, en 2007; Premio Alejo Carpentier de Cuento 2011, entre otros. Ha trabajado como editor para numerosas instituciones culturales cubanas como la Casa de las Américas (1997-2008), Editorial Arte y Literatura, el Centro de Investigaciones y Desarrollo de la Música Cubana. Fue Jefe de Redacción de la revista Unión (2008-2011).
https://www.cubanet.org/destacados/vivir-en-miami-y-curarse-en-la-habana/

martes, 15 de noviembre de 2016

Tu amor


Tu amor,
rosa marchita en tardes de lluvia,
huracán sin destino ni historia,
grano de arena en el desierto,
ola que no besa la orilla,
gaviota sin pan y sin aliento,
nave perdida en el espacio,
en el aire...
¡Y en las rutas del tiempo!
Tu amor,
desvanecido,
casi muerto,
se ha colgado,
en su agonía
- y para su mal--
en el balcón del olvido.
Las hiedras se agitan,
susurran sus viejas melodías
abrazadas a las piedras...
Vuelan las golondrinas aturdidas,
buscando quizás otros veranos.
Viene la soledad... Se sienta a mi lado,
me toma de las manos y me señala
la copa vacía, olvidada en el alfeizar
de las cosas prohíbidas,
y tal parece que le urge
llenarla con otros vinos
y otras glorias.
Tu amor,
pétalos muertos,
polvo de llamarada extinta,
se va en un suspiro,
cabalgando a sus anchas
y le digo: ¡Adiós!...Y no lo beso.
Viejo e inútil amor,
brotado de la nada.
Creció débil en mi regazo,
alimentado de tedios,
de añoranzas y despojos,
y hoy se va,
se va cansado,
descolorido,
muerto..
¡ Pájaro errante,
que a la nada vuelve,
y en ella se cobija
suavemente!
Esperanza E Serrano

Duele

Recuerdos de la Isla

Lo que  duele
no es que te hayas ido,
lo que duele es
que hayas olvidado
todo lo que aquí dejaste:
un kilogramo de desengaños,
una copa repleta de desventuras,
una paloma herida,
una noche sin luna,
una mañana sin sol,
una tarde de tormentas,
una balada muerta,
una canción monocorde,
un piano desvencijado,
un muro descolorido
y un rosario de malarias.
No te hablo de los muebles
ni de esos cacharros viejos
que dejaste en la trastienda.
No te hablo de tus sueños,
tus prioridades  y destrezas,
tampoco te hablo de esos trajes
que vestiste  algún día,
en este  carnaval de la miseria...
Duelen muchas cosas que no digo,
por pudor o por la pena
que generan las mismas palabras,
las mismas palabras
repetidas una y otra vez
hasta el cansancio.
Duele, eso si te digo y te repito,
esta maltrecha herencia que dejaste
carcomida por los años de infortunios,
mejor sería que te hubieras ido
dentro de diez años,
cuando hubieras consumido
este kilogramo de desengaños,
cuando te hubieras bebido,
hasta el final, tu copa de desventuras,
cuando la luna asomara su cara
sobre este monte de espumas
 y el sol, otra vez,
 alumbrara los caminos.
Quizás para ese entonces
ya recitarías de memoria
esta balada triste,
mientras le curaras las alas
a esta paloma herida
 y un piano reluciente como ninguno,
acompañara una canción policorde,
una canción nacida de todas los anhelos
que hoy vuelan por estos vientos.
Duele, te digo, no tu partida,
sino todo lo que nos dejaste. 
Esperanza E Serrano
Nueva Gerona,
                                                                          1995

lunes, 14 de noviembre de 2016

Donald John Trump, el presidente "imposible"


  Final #Election2016 numbers

#PopularVote: #Trump: 62,972,226 #Clinton: 62,277,750

#ElectoralCollege vote #Trump 306 #Clinton 232

Dr. Eugenio Yáñez, Estados Unidos
En noviembre del 2008, tras la victoria de Obama, Cubanálisis publicó un trabajo con título parecido al actual, Barack Hussein Obama, el presidente “imposible”;  en noviembre del 2012, tras su reelección, escribí La “imposible” reelección del presidente Barack Obama. Ahora, en noviembre del 2016, tras la cataclísmica victoria de Trump, se trata del presente análisis, no por casualidad titulado Donald John Trump, el presidente “imposible”
Tras tres elecciones presidenciales con la misma situación, donde en 2008 Barack Obama parecía “imposible” de elegir por su condición de afroamericano y “novato” en esas lides a nivel presidencial, y en el 2012 debido a lo débil que todavía andaba la economía (en buena parte debido a la herencia recibida con la crisis de la burbuja económica en tiempos de George W Bush), y ahora el inesperado Donald Trump, es evidente que algo no anda bien, y se convierten en recurrentes los resultados de elecciones presidenciales en Estados Unidos, tan distanciados tanto de lo que pronosticaban diferentes encuestas como de los criterios de numerosos “analistas” y “expertos”, más aún cuando se trata de pronósticos y estrategias expresadas oralmente o por escrito en el sur de Florida, donde las pasiones tienen tanto peso, o más, que los diagnósticos racionales y la frialdad analítica.
Aunque, para decirlo clara y justamente, esas desviaciones no han sido exclusivas de estos territorios o de nuestras nacionalidades como “hispanos”, según la denominación del censo oficial de Estados Unidos, aunque a última hora la campaña de Hillary Clinton comenzó a llamarnos “latinos”, como si viniéramos de Italia.
Y, evidentemente, con independencia de las condiciones específicas y las circunstancias concretas, es indiscutible que la calificación y talento -o falta de ellos- de cada uno de los profesionales de la información -o de la desinformación- influirán en el valor, influencia y trascendencia de sus opiniones y análisis, independientemente de la inclinación social, política y electoral de cada uno de ellos. Los brillantes y talentosos podrán hacer las cosas mejor o peor en dependencia de diversos factores y posiciones, pero los mediocres lo seguirán siendo en toda circunstancia, y solamente modificarán sus posturas tradicionales para hacer las cosas peor todavía.
También puede ser importante que el análisis de estas situaciones pudiéramos hacerlo pensando en las herramientas analíticas que debemos utilizar para tratar de entender la realidad cubana, no solamente frente a Estados Unidos, sino en sí misma y con relación a los cubanos, tanto los de dentro de la isla como los que vivimos afuera. No me refiero a simplezas como querer buscar “señales ocultas” en el anuncio del Ejercicio Estratégico Bastión 2016 en la isla, conocida su fecha de realización cuando menos desde abril de este año, y que ahora algunos han querido relacionar con una acción precipitada y nerviosa del régimen provocada por la victoria del republicano. Estoy pensando, cuando digo que nos pueda ayudar en el tema cubano, en la utilidad metodológica y práctica de los análisis de esta realidad de Estados Unidos que serían más útiles para comprender lo que sucede en nuestra patria de nacimiento.
La “gran” prensa, demasiado parcializada
Actualmente en las leyendas urbanas post-electorales que circulan por las redes sociales y el espacio digital, en asombrosa mezcla de análisis serios y bazofia, se le achaca a toda la “gran” prensa haber estado demasiado inclinada a favor de la candidata del partido Demócrata, lo cual no es completamente cierto pero tampoco completamente falso.
Es evidente que cadenas de televisión nacionales como CNN, CBS, NBC o ABC, mostraban diferencias de énfasis en el enfoque de las informaciones y simpatías por los candidatos, pero todas intentaron mantenerse dentro de la imprescindible profesionalidad, aunque se decantaron por una visión mucho más favorable de la ex secretaria de Estado y destacaron con mayor énfasis las deficiencias, explosiones de carácter y frases fuera de tono y lugar del candidato del partido Republicano. Pero, sin lugar a dudas, la única excepción en cuanto a las cadenas nacionales americanas resultó ser Fox News, que en comparación con las cadenas en inglés arriba mencionadas, en general presentaba siempre al fenómeno Trump con enfoques positivos, aunque en ocasiones no le hizo las cosas demasiado agradables al candidato republicano.
Podrá argumentarse que el propio magnate neoyorkino se buscó tal enemistad o enfoques nada apologéticos por parte de la prensa escrita, televisiva y radial, así como la digital, debido a su manera de actuar y hablar, incluso desde antes del inicio de la batalla por la postulación Republicana en las primarias de ese partido, que reunió a 17 contendientes en una carrera que solamente podría producir un ganador. De aquella puja resultó que muchas personas, demasiadas, comenzaron a menospreciar al recién llegado a la política nacional. Era la reacción de partidarios de pesos pesados favoritos del Partido Republicano con grandes sumas de dinero recibidas como donaciones para sus campañas, y la posición de un establishment de ese mismo partido que no quería para nada a un outsider irreverente y sin experiencia en política como Donald Trump. Parecía que la suerte de este aspirante estaba echada desde antes de comenzar y que no pasaría de algunas semanas en la competencia, siendo evidente que resultaba “imposible” que pudiera ganar.
La prensa americana, desde hace muchísimos años, no oculta sus tendencias liberales, de acuerdo a lo que se le llama “liberal” en Estados Unidos, que no es el mismo significado que se le da a este término en Europa. Esa tendencia no es extraña tampoco en muchas instituciones universitarias del país, fundamentalmente en las regiones del noreste y de la costa del Pacífico. Sin pecar de esquemáticos o de clasificadores, pudiéramos decir que buena parte de la gran prensa americana, así como lo que aquí se conoce como “la academia”, tiene posiciones que pudieran considerarse como de centroizquierda, pero casi siempre en el sentido democrático del término y sin nada que ver con los conceptos “socialistas-comunistas” de izquierdas y derechas. Lo que no quiere decir que no existan en el país elementos verdaderamente “izquierdistas” tan radicales que resultan admirados por castristas y chavistas, entre otros grupos antidemocráticos.
Teniendo en cuenta este factor “progresista”, no resultaba nada extraño que la mayoría de esa gran prensa viera en Hillary Clinton un paradigma a destacar, mucho más que en Donald Trump. Pero no solamente por el lenguaje y actitudes del candidato republicano, sino también, y este es un factor que no puede desconocerse ni minimizarse, porque el millonario neoyorkino no estaba solicitando desesperadamente contribuciones de grandes donantes para su campaña, y buena parte de los costos de la misma los estaba asumiendo con sus propios recursos, lo que le permitía poder hablar y actuar sin preocuparse porque le debiera favores a sus inexistentes grandes donantes.
En otras palabras, mientras la candidata demócrata se iba convirtiendo en la expresión más rancia y excelsa -y viciada- del establishment, su oponente resultaba un anticristo para tal establishment, y como no le debía nada, o casi nada, no veía la necesidad de ni  rendirle pleitesía ni de hacerle demasiado caso. Y si a eso se le suma que cada vez más votantes en la base le daban su apoyo mientras sus otros dieciséis oponentes de su mismo partido continuaban quedando en el camino, Trump comenzó a resultar un factor demasiado peligroso para muchos intereses vinculados a las élites políticas y del poder en Washington, así como para la gran prensa, que mientras al principio le daba cobertura porque divulgar su peculiar manera de hacer campaña política mejoraba los ratings, llegado un momento comenzó a cogerle miedo, debido a que en sus cáusticas diatribas contra los mecanismos del poder incluía también a los medios de comunicación, y en muchas ocasiones los acusaba de parcialidad.
Muy pronto dejó de tratarse de que el outsider resultara un huracán: se había convertido en un verdadero tsunami que ponía en peligro muchos, demasiados intereses, y que había que detener a toda costa. Porque era “imposible” que pudiera ganar, y había que combatirlo con todo o casi todo.
Las grandes cadenas de televisión que transmiten nacionalmente en español, como son Univisión y Telemundo, se inclinaron abierta, total y temerariamente contra Donald Trump desde el primer momento de la contienda, y comenzaron a actuar en un constante y permanente activismo, no periodismo, en favor de Hillary Clinton, por aquello de defender a “los latinos”, como si esos “latinos” que participan en las elecciones no fueran también americanos, ya que de no serlo no tendrían derecho al voto.
Y estas cadenas, más que otras, se limitaban mucho menos en el lenguaje y en la selección de invitados para comentar, perdiendo la perspectiva profesional que debería guiar a todo medio de prensa, y pretendiendo convertir la campaña electoral en un llamado a una especie de “jihad” latinoamericana, donde Donald Trump resultaba ser el Gran Satán, Hillary Clinton una Juana de Arco americana, los presentadores de esas cadenas los heraldos de la decencia y el sentido común frente al infortunio trumpista, y los “expertos” que eran entrevistados los bienafortunados emisarios que anunciaban las buenas nuevas, escribían epitafios sobre la muerte y sepultura del demonio Trump, y declamaban discursos funerales, siempre bajo la absoluta convicción de que era “imposible” que una persona como el candidato Republicano pudiera obtener la presidencia teniendo en contra a “todos” los “latinos”.
Estamos en Estados Unidos, donde existe el absoluto derecho a expresar libremente las opiniones, y de la misma manera que todos los medios de prensa decidieron su política editorial y la aplicaron, ahora es tiempo de cosechar lo que sembraron. Si algo hermoso, y mucho, tienen los valores americanos en que nos sustentamos es que todos debemos combinar esos derechos que con toda razón consideramos naturales y universales, con la capacidad y la obligación de asumir toda la responsabilidad correspondiente por cada una de nuestras acciones. De eso se trata.
Las encuestas y sus equivocaciones
En cuanto a las encuestas y sus monumentales errores en esta ocasión, sería muy sencillo pretender explicar que tales desencuentros con la realidad tienen que ver con incapacidad y maldad de los encuestadores o de muchos medios de prensa. Sin embargo, no sería serio plantearlo de esa manera, ni tampoco cierto. Pues aunque pueda haber encuestas discutibles en cuanto a metodología y, lamentablemente, hasta en probidad de algún que otro de los encuestadores, en estos pronósticos en todo el país también participan, y con mucho más peso e importancia que cualquier empresa de dudosa moralidad y eventualmente impugnable, compañías muy serias y profesionales que durante décadas y décadas se han dedicado a realizar su trabajo de manera científica y consistente, dominan profundamente las técnicas de estudios de opinión y tendencias, y han demostrado ampliamente total probidad y responsabilidad social por los resultados de su trabajo.
De manera que la explicación sobre determinados “chicos malos” que tergiversan las informaciones estadísticas no resulta la más convincente para comprender lo que sucede. Y, por otra parte, si en realidad pudiera achacarse a determinados personajes siniestros comportamientos inadecuados a la hora de manejar las informaciones, no puede olvidarse que, en el caso que nos ocupa, los primeros sorprendidos y engañados, mucho más que los votantes, hubieran sido la candidata Hillary Clinton y el Partido Demócrata, porque la aplastante mayoría de las encuestas nacionales y locales aseguraban, más allá de los altibajos propios de este tipo de indagaciones dinámicas que varían día por día, que Donald Trump sería casi irremediablemente derrotado por varios puntos porcentuales en el voto popular y con un landslide (barrida) en el voto electoral. Y en base a esos criterios, entre otras cosas, actuó todo el tiempo la campaña de la exsecretaria de Estado.
Existen problemas reales: las encuestas modernas son una técnica del siglo 20, que utilizan herramientas del siglo 20. Pongamos, por ejemplo, el teléfono: cuando se comenzaron a realizar encuestas por teléfono, normalmente los hogares más pudientes eran los que disponían de ese medio de comunicación, de manera que las encuestas telefónicas, aunque no se lo hubieran propuesto, reflejaban la opinión de los hogares más holgados y no una verdadera muestra aleatoria de todos los hogares del país o la región. Eso condujo a errores antológicos en la predicción de resultados electorales, no por mala fe ni ocultos intereses tenebrosos, sino por deficiencias del muestreo, que posteriormente fueron corregidas, naturalmente.
Más tarde en el tiempo, el teléfono se convirtió en un elemento común en los hogares americanos, por lo que era mucho más confiable y predecible la utilización de encuestas telefónicas para preveer opiniones, conductas y resultados, y durante muchísimo tiempo dieron muy buenos resultados no solamente durante todo tipo de campañas electorales, sino también como herramientas de marketing y de conocimiento e influencias de opinión.
Pero de nuevo las cosas cambiaron con la introducción masiva de los teléfonos celulares. En Estados Unidos prácticamente todo adulto dispone de un celular, y también muchos adolescentes y hasta niños. Pero el teléfono de niños y adolescentes generalmente está a nombre de sus padres o tutores, aunque sean números propios para los jóvenes y niños. ¿Cómo definir una muestra a encuestar en estas condiciones?
A lo que hay que agregar dos factores más: la proliferación de aplicaciones en lo que ahora se conoce como redes sociales, donde tantas personas se comunican vía Facebook, Twitter, Whatsapp y a través de muchas otras posibilidades de este tipo, lo que hace que la información esté fluyendo constantemente, no siempre confirmada ni verificada, y a veces completamente falsa, pero que puede influir en instantes en los cambios de opinión de las personas.
Y un segundo factor de complicación, que antiguamente no existía, que es la posibilidad de conocer quién está llamando antes de responder la llamada, y cuando el número es desconocido o no se conoce a la persona que llama, simplemente con no responder basta, y eso dificulta mucho más la labor de los encuestadores.
No olvidemos tampoco que todos los resultados de cualquier encuesta seria se presentan siempre con un determinado “margen de error”, lo que significa que las cifras que se están ofreciendo pueden oscilar hacia más o hacia menos dentro de ese margen de error, de forma tal que un resultado, digamos, de 40%, con un margen de error del 3%, hay que leerlo como que pude estar oscilando entre el 37% y el 43%, que es el rango del 3% hacia abajo o hacia arriba de esa cifra de 40% en este ejemplo.
Ahora bien, pensemos en el continuo bombardeo de encuestas que informaban casi diariamente 29 instituciones encuestadoras reconocidas como respetables en Estados Unidos, algunas de ellas con los resultados del día, otras con promedios de varios días, y otras como promedio de otras encuestas.
Y pensemos además que algunas de esas encuestas eran realizadas con posibles votantes, otras con prácticamente seguros votantes, otras con la población en general, y otras más con alguna combinación de esos casos anteriores mencionados.
Y que eso se publicaba continuamente en la prensa escrita y digital y se informaba por televisión y radio por medios de comunicación y difusión inclinados más favorablemente hacia la candidata demócrata que hacia el candidato republicano, y casi inmediatamente se reproducía decenas o centenares de miles de veces -responsable o irresponsablemente, y con comentarios añadidos por los usuarios- en las redes sociales.
Y sin olvidar que, además, en la vorágine de cifras y promedios que se daban a conocer no siempre se informaba, o quienes se interesaban en los resultados no revisaban detalladamente cuál era el margen de error de cada encuesta, resulta relativamente fácil comprender que lo que quedaba en la mente de un receptor final de la información podía ser cualquier cosa, no por mala intención de los emisores de información, sino por la dinámica y el torbellino de los acontecimientos.
Imaginemos ahora ese proceso repetido diariamente durante varios meses de campaña, fundamentalmente y con más intensidad durante septiembre y octubre, y podremos darnos cuenta de que esos criterios de que si los blancos rurales con estudios de hasta secundaria básica se inclinaban hacia Trump y que las mujeres solteras hacia Hillary, o los jóvenes que habían apostado por Bernie Sanders apoyarían masivamente a la Clinton, o cualquier conclusión de ese tipo, parece muy claro que la posibilidad de realizar interpretaciones erróneas de la realidad no debe achacarse superficialmente a la maldad de algunos o la incapacidad de otros, sino a toda la complejidad de los acontecimientos, y que serán cada vez más complejos en la medida que avanza este siglo 21.
Las mayorías silenciosas y la crisis del Partido Demócrata
Pero, además, hay otros factores imposibles de medir, como es la existencia de votantes, fundamentalmente en sociedades demasiado crispadas alrededor de determinados temas,  que por distintas razones no desean manifestar públicamente sus preferencias electorales. Eso puede distorsionar los resultados de las encuestas hasta que el día de las elecciones aparece el voto de una “mayoría silenciosa” que vira de cabeza los pronósticos. Ese fenómeno se dio en fechas relativamente recientes en el llamado Brexit (el referendo para decidir la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea), el de aprobación o rechazo del acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las narcoguerrillas de las FARC, o las preferencias electorales en España, y un poco antes, el año anterior, en el resultado de las elecciones parlamentarias en Israel. En todos esos casos, los resultados no fueron los que pronosticaron las encuestas.
En medio de la campaña se decía que Donald Trump con sus acciones estaba destruyendo al partido Republicano, pero después de los sorprendentes resultados del día de las elecciones es evidente que el partido Demócrata está pasando por una situación muy difícil, todavía no ha terminado de asimilar el batacazo de los resultados electorales -no solamente no logró la presidencia, sino tampoco pudo cambiar los colores políticos del Senado y la Cámara de Representantes, y la mayoría republicana de gobernadores estatales es aplastante- y sigue buscando las culpas del fracaso en los demás, o en factores ajenos a sus posibilidades de solución -los informes del Director del FBI, los papeles filtrados por Wikileaks, la supuesta injerencia rusa, la “agresividad” de los seguidores de Trump- con un enfoque propio de un partido político tercermundista más que del que debería caracterizar a uno de los dos partidos más importantes en la primera potencia mundial.
Después de varios días de silencio y de reencuentro con la realidad tras el fracaso de la noche del martes, ahora se conoce de una conferencia telefónica de Hillary Clinton con sus principales donantes -que son los que verdaderamente importan, a veces hasta más que los votantes- donde achaca las causas de su derrota al FBI (la culpa siempre la tienen otros) por haber anunciado once días antes de las elecciones una nueva investigación sobre sus correos electrónicos y el uso de servidores privados. “Nuestro análisis es que la carta de [el Director del FBI James] Comey, que levantó dudas que eran infundadas, detuvo nuestro impulso”, dijo la candidata derrotada. “Trump pasó los últimos cuatro días de su campaña con ataques personales dirigidos a mí, y este es el resultado”, señaló en la conferencia telefónica, como si ella y su partido no hubieran lanzado ataques personales a Trump durante toda la campaña. Pero lo que ocurre es que siempre es más cómodo responsabilizar a otros de la derrota que aceptar deficiencias y fallos propios.
Parte de la prensa persiste en el error, la mala fe, o ambas cosas a la vez. A pesar de la abrumadora victoria de Donald Trump el día de las elecciones, ciertos “comunicadores” continúan su campaña de odio y descrédito, ahora no ya contra el candidato sino contra el Presidente Electo, repitiendo las mismas cantaletas sobre el supuesto fascismo, nazismo, o cualquier “ismo” que “detectan” en la política de Trump y que les resulte conveniente para su campaña, y continúan mintiendo y desinformando, negándose a reconocer verdades elementales: la más importante de todas, que perdieron la elección, que no lograron sus objetivos, que dilapidaron demasiado crédito ante los votantes y la población en general, y que en una democracia como Estados Unidos las opciones reales son tratar de derrotar al candidato del partido en el poder en las próximas elecciones presidenciales, en este caso las del año 2020, o someter al presidente a un impeachment en caso de alguna transgresión de las leyes. Todo lo demás, aunque lo disfracen de criterios de “expertos” o de “estrategias”, no será más que pataleo de ahorcados ante una realidad que no solamente les duele, sino que además parecería que no pueden soportar.
De entrada, el hecho de que la señora Clinton no haya sido capaz de “conceder”, como se dice en Estados Unidos a reconocer la victoria del adversario, la misma noche de las elecciones, demuestra dos cosas: una, que el shock había sido brutal, y ella no estaba en condiciones sicológicas en ese momento para aparecer en la televisión reconociendo su fracaso; y dos, que ni siquiera parece haber existido un Plan B para el caso de una derrota que no se concebía, porque era “imposible” que Donald Trump ganara la presidencia.
Las palabras durante la madrugada del asesor de la campaña demócrata a los seguidores que desde horas antes se habían concentrado para celebrar la victoria de Hillary Clinton, mostraron absoluto cinismo y falsedad, cuando les pidió que fueran para sus casas, y les dijo que si se había esperado hasta esa hora se podría esperar algunas horas más, ya que todavía se estaban contando votos, como fomentando falsas esperanzas de que quedaba tiempo de ganar la contienda, aunque fuera por un milagro. Sin embargo, después se supo que en el momento en que el asesor mentía a los seguidores de la candidata demócrata, ya la señora Clinton había llamado por teléfono a quien era ya entonces Presidente Electo Donald Trump, para felicitarlo por su victoria.
Factores que fallaron en la maquinaria demócrata
¿Cuáles fueron los factores que fallaron en la maquinaria demócrata? Varios.
El primero de todos, sería preguntarse si Hillary Clinton era la mejor opción para el partido demócrata en estas elecciones. Tras su fracaso en el 2008 en la lucha por la candidatura de su partido, que entonces ganó Obama, se había dado por sentado que para la próxima oportunidad debería ser ella la candidata, porque así le interesaba al clan de los Clinton, que controla el Partido Demócrata.
Entonces, en un momento electoral donde los eventuales votantes se mostraban muy insatisfechos con muchas cosas, independientemente del grado de popularidad que disfrutara el presidente Barack Obama personalmente, y que el clamor de cambio estaba en el ambiente y podía percibirse fácilmente, su partido, bajo la presión del clan, prefirió a una persona que era la imagen misma del establishment, la continuidad y el “business as usual”, y que sería vista como un tercer mandato de Barack Obama. Y que, además, independientemente de su experiencia anterior como secretaria de Estado, senadora y Primera Dama, tenía tejado de vidrio y podría ser fácilmente atacada desde diversos frentes, como efectivamente lo fue.
Para lograr la candidatura esta vez, frente al inesperado reto de Bernie Sanders, apoyado fuertemente por los entusiastas jóvenes conocidos como millennials, fue necesario aplicar todas las presiones posibles por parte del establishment demócrata bajo el férreo control de los Clinton. El escándalo en la Convención demócrata en Cleveland, donde se conoció que el Comité Nacional del Partido había influido escandalosa y turbiamente a favor de la candidata y en contra del socialista, fue de tal magnitud que obligó a renunciar a su cargo a la presidenta de dicho Comité Nacional.
Otro error fue de estrategia profunda: mientras que Donald Trump ofrecía propuestas en su campaña política que eran bien recibidas por los votantes que le apoyaban y por buena parte de los indecisos, y atacaba las muy escasas proposiciones de políticas y los continuos manejos turbios de su oponente a lo largo de los años, la campaña demócrata decidió no concentrarse en atacar al republicano con relación a sus proyectos políticos, sino en base a sus características personales, lenguaje, carácter, expresiones inoportunas e inconvenientes, supuestas conductas hacia las mujeres, y cosas de ese tipo.
De manera que mientras los “talking points” demócratas iban contra la persona del millonario, los “talking points” republicanos hablaban de propuestas políticas de Trump, y de la escasez de ellas en el campo de una Hillary Clinton de dudosa integridad, que no mostraba demasiadas ideas, y las pocas que utilizaba se parecían demasiado a un “más de lo mismo” que a los votantes no les interesaba.
Enfoque erróneo de la campaña demócrata, con el cual no lograron detener al outsider convertido en tsunami, ni derrotarlo, pero que, en una sociedad que ya venía dividida sensiblemente por políticas no demasiado consensuales durante los últimos años, fue creando un sustrato de rechazo y odio, basado en una mezcla abominable de verdades, medias verdades y evidentes falsedades, que se está expresando en estos momentos en esas manifestaciones de rechazo a la victoria republicana, donde grupos de jóvenes novicios sinceramente defraudados porque esperaban fantasías y encontraron realidades, son complementados por violentos energúmenos -no lo son porque protesten, sino por la forma vandálica en que lo hacen- pretendiendo que se modifiquen retroactivamente las reglas y los procedimientos electorales y se le otorgue la victoria a Hillary en base a los votos populares recibidos, y no que la elección se haya decidido por los votos electorales, que es como está establecido y se ha hecho siempre. O que se “destituya” al ganador de la contienda, Donald Trump, simplemente porque a ellos no les gusta. Individuos que al combinarse, bajo la mirada condescendiente, silencio cómplice o taimado aliento de una parte de la llamada gran prensa, una vez más, conforman un estamento ¿político? al que le encantaría crear una República Bananera de Estados Unidos de América; sin embargo, afortunadamente no necesitamos nada de eso: ya existen bastantes al sur del Río Grande. En el mismo estilo de Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y la pandilla “bolivariana”  en Venezuela, dicen apoyar la democracia cuando ganan ellos, pero cuando pierden la rechazan y la quieren eliminar.
Un error peor de la campaña demócrata fue el de la soberbia y la prepotencia por parte de quienes la dirigían. Se supuso, quién sabe por qué, pero básicamente subestimando la inteligencia de los votantes como si fueran tontos, que los jóvenes millenials que habían seguido entusiastamente a Bernie Sanders traspasarían automática y estúpidamente su apoyo y sus votos a la candidata, y que la seguirían con el mismo entusiasmo que habían seguido durante las primarias al senador socialista, a pesar de haberse enterado de que su preferido contendiente derrotado había sido tratado muy injustamente por la maquinaria demócrata, controlada precisamente por el clan del que formaba parte la misma Hillary Clinton. Naturalmente, las cosas no resultaron como pronosticaron los “expertos” electorales y los excelsos miembros de la camarilla demócrata.
Se supuso que, por ser mujer, todas las mujeres demócratas, más las independientes y republicanas que rechazaban a Trump por su infame “machismo”, saldrían a votar por la ex secretaria de Estado. Tampoco resultó así. La actriz Susan Sarandon, nada favorable a los republicanos, y que apoyaba a Bernie Sanders durante las primarias, dijo algo muy profundo al expresar sencillamente: “yo no voto con la vagina”. Y añadió que por el solo hecho de que la candidata fuera una mujer no tendría su voto si sus propuestas y programas no la convencían. Y fueron muchas las mujeres americanas que, como la actriz, no votaron con la vagina.
Se supuso que los afroamericanos, que en 2008 y 2012 habían salido masivamente a votar por Obama, saldrían igualmente a votar por la Clinton, por ser aliada del presidente. Tampoco resultó así. Los afroamericanos no salieron a votar por “la blanquita” en la cantidad que se esperaba, pues no veían en ella lo que vieron en Obama, haya sido lo que haya sido que vieran en aquel.
Se supuso que “los latinos”, debido a las posturas de Trump, tergiversadas y manipuladas por la televisión “latina”, sobre la inmigración ilegal y la finalización de la construcción del controvertido muro en la frontera mexicana, muro comenzado nada menos que por Bill Clinton, saldrían masivamente a las urnas para detener al Lucifer republicano. Y además, ofendidos por las posiciones “machistas” del candidato republicano. ¡Como si los propios “latinos” no fueran muestra viva de machismo, aun desde antes de la conquista! Pero tampoco ellos lo hicieron en las cantidades que se esperaban (los hispanos no ven el proceso electoral americano ni sus posibilidades de transformar las realidades del país con el mismo prisma que lo ven los que son capaces de asimilarse a la cultura política de Estados Unidos). Ni siquiera votaron tan masivamente como se creía que lo harían los cientos de miles de puertorriqueños de la zona Orlando-Tampa, en Florida, coqueteados apresuradamente a última hora por los demócratas cuando se dieron cuenta, aunque no lo admitían públicamente, que sus posibilidades de triunfo en el Estado del Sol mermaban por días y hasta por horas.
Conclusión: Hillary obtuvo muchos menos votos entre las mujeres, los afroamericanos y los hispanos de lo que se esperaba en el enfoque prepotente y superficial de su campaña, mientras Donald Trump, gracias a sus propuestas políticas y haber comprendido lo que deseaban los votantes, obtuvo muchos más votos entre las mujeres, los afroamericanos y los hispanos de lo que le pronosticaban los “expertos” y los medios de prensa.
Medios que en vez de hacer periodismo en serio y pulsar la opinión de la población y de los posibles votantes se limitaron a repetir automáticamente lo que decían las encuestas, que era además lo que encantaba a las políticas editoriales en las diferentes instituciones periodísticas (el mismo error que en 1948 había llevado a la prensa a pronosticar la derrota del presidente Harry Truman). Entonces, aunque Hillary ganó a Trump en esos tres sectores, (femenino,  afroamericano, e hispano) lo hizo con mucho menos margen de ventaja del que necesitaba para poder obtener la victoria en la elección.
Donald Trump y lo que pudiera suceder
Para terminar, tres detalles breves sobre Trump, sin detenernos en diferentes aspectos sobre su programa y proyectos de gobierno, teniendo en cuenta que esas temáticas las aborda nuestro colega Dr. Diego Trinidad en el otro artículo que publicamos hoy en El Think-Tank, titulado La elección más impredecible.
Uno: Pensar que como Presidente Trump sería capaz de enviar la 82 División a derribar al régimen castrista sin que mediara un ataque brutal contra este país instigado desde La Habana -y los Castro no están locos- no es ni siquiera el sueño de una noche de verano, sino la expresión de una miserable borrachera con la peor chispa’etrén que pudiera conseguirse en el mercado negro cubano de bebidas alcohólicas. Igualmente, deducir que porque años atrás, como inversionista y empresario, quiso explorar las posibilidades de negocios en Cuba sería un indicador de una posición de acercamiento comercial con La Habana en estos momentos, no pasa de la bobería y el wishful thinking tan común en demasiados “expertos” sobre el tema cubano. Los presidentes de una gran potencia no acostumbran tomar decisiones tan festinadamente sobre esas bases, ni siquiera los más impredecibles.
Dos: Dígase lo que se diga de Donald Trump, con su tono, sus frases, sus expresiones incendiarias o sus conductas -reales o supuestas- hacia las mujeres, logró comprender desde el primer momento el lenguaje que querían escuchar los votantes -tanto durante las primarias republicanas como en las elecciones generales. Hablando a los trabajadores básicamente blancos y anglos del Rust Belt (cinturón del óxido) que en su momento constituyeron una “aristocracia obrera” protegida por poderosos sindicatos, pero que en los últimos cuarenta años han visto sus fábricas ir desapareciendo rumbo a China o el Tercer Mundo, sus salarios mermar, sus posiciones sociales estancarse o descender, sus ciudades y poblados anquilosarse, sus deudas incrementarse hasta poner en peligro la propiedad de sus viviendas y su “sueño americano”, y lo “políticamente correcto” imponiéndose sobre sus frustraciones y lo que consideran sus necesidades más imperiosas, fue capaz de ganar corazones y mentes de esa población de aquellos territorios, que en su momento constituyeron bastiones demócratas, al ofrecerles algo que podrá lograr o no, pero que era lo que esa América profunda necesitaba escuchar en estas campañas electorales.
De manera que poco a poco fue obteniendo los apoyos necesarios para literalmente aplastar a dieciséis adversarios de su propio partido en las primarias, y convincentemente, en la reciente elección presidencial, no solamente a Hillary Clinton y el Partido Demócrata, que aun no ha logrado salir del shock, sino también a una buena parte del establishment del Partido Republicano, a pesar de contar con muchos menos recursos financieros para la campaña que la candidata demócrata, enfrentado también con los clanes de su propio Partido Republicano, que conspiraban en su contra, y frente a una parte sustancial de la “gran” prensa que no le resultaba nada favorable.
Sin embargo, ahora habrá que ver si ese lenguaje y esas estrategias fueron únicamente parte de su enfoque para alcanzar la presidencia, o si realmente pretenderá materializar todo lo que dijo, como el controvertido muro fronterizo; las deportaciones masivas; el cuestionamiento y hasta la rescisión del convenio de libre comercio de Norteamérica (NAFTA) con Canadá y México; detener las gestiones del Tratado Trans Pacífico; cortar los fondos relacionados con programas internacionales del cambio climático; liberar la prospección, transporte y comercialización de energía; la guerra comercial con China; la designación de un fiscal especial para investigar los temas de los e-mails de Hillary y los manejos de la Fundación Clinton, entre otras declaraciones formuladas durante la campaña.
Al menos, de entrada, y como gran golpe psicológico, ya anunció que su salario como presidente será de un dólar al año, cifra simbólica, naturalmente, renunciando a los alrededor de $400,000 que le corresponderían como presidente. También dijo muy claramente que los inmigrantes ilegales con antecedentes penales (criminal records) serían deportados o enviados a la cárcel, lo que afectaría a unos dos millones de personas en esa situación; que podría mantener algunos aspectos del Obamacare que fueran útiles a los asegurados, como el derecho a la cobertura aunque se padezcan lo que se conoce como condiciones pre-existentes, o mantener  a los hijos solteros en la pólizas de los padres hasta los 26 años; y con relación al muro en la frontera mexicana, señaló que será construido, pero que en algunos lugares pudieran ser solamente vallas. Además, la designación del presidente del Comité Nacional Republicano (RNC) como su Chief of Staff (el equivalente a un jefe de gabinete en la cultura en español), y del CEO de su campaña electoral como asesor principal del presidente, indican que Trump contará con quienes le fueron fieles a la hora de designar cargos y responsabilidades. De manera que ya va atemperando sus políticas de acuerdo a las realidades, la correlación de fuerzas y la búsqueda de más sensatez.
Tres: En cuanto a su experiencia política y su supuesta “ineptitud”, aparentemente ya este calificativo se ha convertido en un lugar común y se repite más como mantra ideológico que como convicción argumental. Es cierto que no es lo mismo dirigir empresas que gobernar, ni es lo mismo tratar con empresarios, sindicatos, clientes, acreedores o bancos, que con gobiernos extranjeros con más o menos grados de simpatías o animadversión hacia Washington y sus valores.
Sin embargo, deducir a partir de esas realidades que resultará un presidente inepto, incapaz o irresponsable, parece ser en estos momentos mucho más el pataleo de un ahorcado perdedor que una expectativa racional. Lo verdaderamente importante, además de la capacidad de la persona que ocupe el cargo de presidente, son los asesores de los que se rodee, que sean verdaderamente calificados, y que quien dirige el país sea capaz de escucharlos antes de tomar decisiones. Ahí tenemos el ejemplo de Obama: para su estrategia hacia el castrismo se rodeó de asesores bastante poco informados de la realidad cubana y de las características y estilos de sus dirigentes y su población, y ahí están los resultados: casi dos años haciendo concesiones y más concesiones al castrismo sin recibir a cambio ni las gracias.
Además, Donald Trump no será tampoco el primer presidente de Estados Unidos que asuma el cargo sin experiencia política anterior. Pensando solamente en los tiempos más recientes, Dwight Einsehower no tenía ninguna -provenía de las fuerzas armadas- y fue presidente entre 1952 y 1961. Barack Obama tampoco tenía demasiada -abogado que no ejercía, trabajador comunitario, y una corta carrera de senador- y lo ha sido desde el 2009 hasta que termine su mandato en enero del 2017. Y no son los únicos.
Tal vez Donald Trump resulte decepcionante. O tal vez simplemente normal. O quién sabe si brillante.
No es cuestión de defenderlo o acusarlo ciegamente o “por principios” desde incluso antes de que comience a gobernar. No sería inteligente, justo ni moral. Y pretender extrapolar su estilo de liderazgo y sus acciones por lo que se ha visto y escuchado en una campaña electoral que resultó tremendamente fuerte, agresiva y sucia por todas las partes, tanto durante las primarias como en la presidencial, podría llevar a conclusiones desacertadas, antes que todo por precipitadas y no confirmadas con la realidad de los acontecimientos. De manera que no estaría tan mal esperar antes de comenzar a valorar festinadamente.
Porque al fin y al cabo se trata de un Presidente que muchos consideraban que era absolutamente “imposible” que pudiera llegar a serlo. 
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