Translate

domingo, 15 de febrero de 2026

Discurso de Marco Rubio, Secretario de Estado, en Múnich, Alemania, 14 de febrero 2026

 Fantástico discurso. 


TRANSCRIPCION 

MARCO RUBIO, SECRETARIO DE ESTADO

HOTEL BAYERISCHER HOF

MÚNICH (ALEMANIA)

14 DE FEBRERO DE 2026


SECRETARIO RUBIO: Muchas gracias. Hoy nos reunimos aquí como miembros de una alianza histórica, una alianza que salvó y cambió el mundo. Cuando esta conferencia comenzó en 1963, había una nación, en realidad, un continente, dividido contra sí mismo. La línea entre el comunismo y la libertad atravesaba el corazón de Alemania. Las primeras alambradas del Muro de Berlín se habían levantado apenas dos años antes.


Y solo unos meses antes de esa primera conferencia, antes de que nuestros predecesores se reunieran por primera vez aquí, en Múnich, la crisis de los misiles en Cuba había llevado al mundo al borde de la destrucción nuclear. A pesar de que la Segunda Guerra Mundial aún estaba fresca en la memoria de estadounidenses y europeos por igual, nos encontrábamos ante una nueva catástrofe mundial, una con el potencial de un nuevo tipo de destrucción, más apocalíptica y definitiva que cualquier otra en la historia de la humanidad.


En el momento de aquella primera reunión, el comunismo soviético estaba en marcha. Miles de años de civilización occidental pendían de un hilo. En aquel momento, la victoria estaba lejos de ser cierta. Pero nos impulsaba un propósito común. No solo nos unía aquello contra lo que luchábamos, sino también aquello por lo que luchábamos. Y juntos, Europa y Estados Unidos prevalecieron y se reconstruyó un continente. Nuestros pueblos prosperaron. Con el tiempo, los bloques del este y del oeste se reunificaron. Una civilización volvió a estar completa. 


El infame muro que había dividido a esta nación en dos cayó, y con él un imperio malvado, y el este y el oeste volvieron a ser uno. Pero la euforia de este triunfo nos llevó a una peligrosa ilusión: que habíamos entrado, y cito, “en el fin de la historia”; que todas las naciones serían ahora democracias liberales; que los lazos creados por el comercio y los negocios sustituirían a la nacionalidad; que el orden mundial basado en normas, un término muy manido, sustituiría al interés nacional; y que ahora viviríamos en un mundo sin fronteras en el que todos seríamos ciudadanos del mundo.


Era una idea absurda que ignoraba tanto la naturaleza humana como las lecciones de más de 5000 años de historia documentada. Y nos ha costado muy caro. En este engaño, abrazamos una visión dogmática del comercio libre y sin restricciones, incluso cuando algunas naciones protegían sus economías y subvencionaban a sus empresas para socavar sistemáticamente las nuestras, cerrando nuestras fábricas, lo que provocó la desindustrialización de gran parte de nuestras sociedades, la deslocalización de millones de puestos de trabajo de clase media y trabajadora al extranjero y la entrega del control de nuestras cadenas de suministro críticas a adversarios y rivales.


Cada vez más, hemos encargado al exterior nuestra soberanía a instituciones internacionales, mientras que muchas naciones han invertido en enormes estados del bienestar a costa de mantener su capacidad de defenderse. Esto, incluso cuando otros países han invertido en el rápido desarrollo militar más rápido de toda la historia de la humanidad y no han dudado en utilizar el poder duro para perseguir sus propios intereses. Para apaciguar a una secta climática, nos hemos impuesto políticas energéticas que están empobreciendo a nuestra población, mientras que nuestros competidores explotan el petróleo, el carbón, el gas natural y cualquier otra cosa, no solo para impulsar sus economías, sino para utilizarlos como palanca contra la nuestra.


Y en nuestra búsqueda de un mundo sin fronteras, abrimos nuestras puertas a una ola de migración masiva sin precedentes que amenaza la cohesión de nuestras sociedades, la continuidad de nuestra cultura y el futuro de nuestro pueblo. Cometimos estos errores juntos y ahora, juntos, tenemos la obligación ante nuestro pueblo de afrontar estos hechos y seguir adelante, para reconstruir.


Bajo la presidencia de Trump, los Estados Unidos de América volverán a asumir la tarea de renovación y restauración, impulsados por una visión de un futuro tan orgulloso, soberano y vital como el pasado de nuestra civilización. Y aunque estamos preparados, si es necesario, para hacerlo solos, nuestra preferencia y nuestra esperanza es hacerlo junto con ustedes, nuestros amigos aquí en Europa.


Estados Unidos y Europa pertenecemos juntos. Estados Unidos se fundó hace 250 años, pero sus raíces comenzaron aquí, en este continente, mucho antes. El hombre que se estableció y construyó la nación en la que nací llegó a nuestras costas llevando consigo los recuerdos, las tradiciones y la fe cristiana de sus antepasados como una herencia sagrada, un vínculo inquebrantable entre el viejo mundo y el nuevo.


Formamos parte de una misma civilización: la civilización occidental. Estamos unidos por los lazos más profundos que pueden compartir las naciones, forjados por siglos de historia común, fe cristiana, cultura, patrimonio, lengua, ascendencia y los sacrificios que nuestros antepasados hicieron juntos por la civilización común que hemos heredado.


Y es por eso que los estadounidenses a veces podemos parecer un poco directos y urgentes en nuestros consejos. Por eso el presidente Trump exige seriedad y reciprocidad a nuestros amigos aquí en Europa. La razón, amigos míos, es porque nos importa profundamente. Nos importa profundamente su futuro y el nuestro. Y si a veces discrepamos, nuestras discrepancias provienen de nuestra profunda preocupación por una Europa con la que estamos conectados, no solo económicamente, no solo militarmente. Estamos conectados espiritualmente y estamos conectados culturalmente. Queremos que Europa sea fuerte. Creemos que Europa debe sobrevivir, porque las dos grandes guerras del siglo pasado nos sirven como recordatorio constante de que, en última instancia, nuestro destino está y siempre estará entrelazado con el suyo, porque sabemos (aplausos), porque sabemos que el destino de Europa nunca será irrelevante para el nuestro.


La seguridad nacional, tema principal de esta conferencia, no se reduce a una serie de cuestiones técnicas: cuánto gastamos en defensa o dónde, cómo la desplegamos… Son cuestiones importantes, sin duda, pero no son las fundamentales. La pregunta fundamental que debemos responder desde el principio es qué es exactamente lo que defendemos, porque los ejércitos no luchan por abstracciones. Los ejércitos luchan por un pueblo; los ejércitos luchan por una nación. Los ejércitos luchan por un modo de vida. Y eso es lo que defendemos: una gran civilización que tiene todas las razones para estar orgullosa de su historia, confiada en su futuro y que aspira a ser siempre dueña de su propio destino económico y político.


Fue aquí, en Europa, donde nacieron las ideas que sembraron las semillas de la libertad que cambiaron el mundo. Fue aquí, en Europa, donde …el mundo… que dio al mundo el Estado de derecho, las universidades y la revolución científica. Fue este continente el que produjo el genio de Mozart y Beethoven, de Dante y Shakespeare, de Miguel Ángel y Da Vinci, de los Beatles y los Rolling Stones. Y este es el lugar donde las bóvedas de la Capilla Sixtina y las altísimas agujas de la gran catedral de Colonia no solo dan testimonio de la grandeza de nuestro pasado o de la fe en Dios que inspiró estas maravillas. También presagian las maravillas que nos esperan en el futuro. Pero solo si nos sentimos orgullosos de nuestro patrimonio y de esta herencia común podremos comenzar juntos la labor de imaginar y dar forma a nuestro futuro económico y político.


La desindustrialización no era inevitable. Fue una elección política consciente, una iniciativa económica que duró décadas y que despojó a nuestras naciones de su riqueza, su capacidad productiva y su independencia. Y la pérdida de la soberanía de nuestra cadena de suministro no fue consecuencia de un sistema de comercio mundial próspero y saludable. Fue una tontería. Fue una transformación tonta, pero voluntaria, de nuestra economía que nos dejó dependientes de otros para satisfacer nuestras necesidades y peligrosamente vulnerables a las crisis.


La migración masiva no es, ni ha sido, una preocupación marginal con pocas consecuencias. Fue y sigue siendo una crisis que está transformando y desestabilizando las sociedades de todo occidente. Juntos podemos reindustrializar nuestras economías y reconstruir nuestra capacidad para defender a nuestros pueblos. Pero el trabajo de esta nueva alianza no debe centrarse únicamente en la cooperación militar y en recuperar las industrias del pasado. También debe centrarse en avanzar juntos en nuestros intereses mutuos y nuevas fronteras, liberando nuestro ingenio, nuestra creatividad y nuestro espíritu dinámico para construir un nuevo siglo occidental. Los viajes espaciales comerciales y la inteligencia artificial de vanguardia; la automatización industrial y la fabricación flexible; la creación de una cadena de suministro occidental para minerales críticos que no sea vulnerable a la extorsión de otras potencias; y un esfuerzo unificado para competir por la cuota de mercado en las economías del sur global. Juntos no solo podemos recuperar el control de nuestras propias industrias y cadenas de suministro, sino que también podemos prosperar en las áreas que definirán el siglo XXI.


Pero también debemos controlar nuestras fronteras nacionales. Controlar quiénes y cuántas personas entran en nuestros países no es una expresión de xenofobia. No es odio. Es un acto fundamental de soberanía nacional. Y no hacerlo no es solo una renuncia a uno de nuestros deberes más básicos para con nuestro pueblo. Es una amenaza urgente para el tejido de nuestras sociedades y la supervivencia de nuestra civilización en sí misma.


Y, por último, ya no podemos anteponer el llamado orden mundial a los intereses vitales de nuestros pueblos y nuestras naciones. No necesitamos abandonar el sistema de cooperación internacional que creamos, ni desmantelar las instituciones mundiales del antiguo orden que construimos juntos. Pero hay que reformarlas. Hay que reconstruirlas.


Por ejemplo, las Naciones Unidas siguen teniendo un enorme potencial para ser una herramienta de bien en el mundo. Pero no podemos ignorar que hoy en día, en los asuntos más urgentes que se nos plantean, no tienen respuestas y prácticamente no han desempeñado ningún papel. No pudieron resolver la guerra en Gaza. En cambio, fue el liderazgo estadounidense el que liberó a los cautivos de los bárbaros y logró una frágil tregua. No ha resuelto la guerra en Ucrania. Se necesitó el liderazgo estadounidense y la colaboración con muchos de los países aquí presentes hoy para sentar a ambas partes a la mesa en busca de una paz que aún sigue siendo esquiva.


Fue incapaz de frenar el programa nuclear de los clérigos chiítas radicales de Teherán. Para ello fueron necesarias 14 bombas lanzadas con precisión desde bombarderos estadounidenses B-2. Y fue incapaz de hacer frente a la amenaza para nuestra seguridad que supone un dictador narcoterrorista en Venezuela. En cambio, fueron necesarias las fuerzas especiales estadounidenses para llevar a este fugitivo ante la justicia.


En un mundo perfecto, todos estos problemas y muchos más se resolverían mediante diplomáticos y resoluciones enérgicamente formuladas. Pero no vivimos en un mundo perfecto y no podemos seguir permitiendo que aquellos que amenazan de forma descarada y abierta a nuestros ciudadanos y ponen en peligro nuestra estabilidad global se escuden tras abstracciones del derecho internacional que ellos mismos infringen habitualmente.


Este es el camino que han emprendido el presidente Trump y Estados Unidos. Es el camino al que les pedimos que se unan aquí en Europa. Es un camino que hemos recorrido juntos antes y que esperamos volver a recorrer juntos de nuevo. Durante cinco siglos, antes del final de la Segunda Guerra Mundial, occidente se había expandido: sus misioneros, sus peregrinos, sus soldados y sus exploradores salieron de sus costas para cruzar océanos, establecerse en nuevos continentes y construir vastos imperios que se extendían por todo el globo.


Pero en 1945, por primera vez desde la época de Colón, estaba entrando en declive. Europa estaba en ruinas. La mitad vivía tras un telón de acero y el resto parecía que pronto seguiría sus pasos. Los grandes imperios occidentales habían entrado en un declive terminal, acelerado por las revoluciones comunistas ateas y los levantamientos anticolonialistas que transformarían el mundo y cubrirían con la hoz y el martillo rojos vastas extensiones del mapa en los años siguientes.


En ese contexto, entonces como ahora, muchos llegaron a creer que la era de dominio occidental había llegado a su fin y que nuestro futuro estaba destinado a ser un eco débil y fugaz de nuestro pasado. Pero juntos, nuestros predecesores reconocieron que el declive era una elección, y fue una elección que se negaron a tomar. Esto es lo que hicimos juntos una vez, y esto es lo que el presidente Trump y Estados Unidos quieren hacer de nuevo ahora, junto con ustedes.


Y por eso no queremos que nuestros aliados sean débiles, porque eso nos debilita a nosotros. Queremos aliados que puedan defenderse por sí mismos, para que ningún adversario se vea tentado a poner a prueba nuestra fuerza colectiva. Por eso no queremos que nuestros aliados se vean atados por la culpa y la vergüenza. Queremos aliados que estén orgullosos de su cultura y su patrimonio, que comprendan que somos herederos de la misma civilización grande y noble, y que, junto con nosotros, estén dispuestos y sean capaces de defenderla. 


Y por eso no queremos que nuestros aliados racionalicen el statu quo roto en lugar de reconocer lo que es necesario para arreglarlo, porque en Estados Unidos no nos interesa ser los cuidadores educados y ordenados del declive controlado de occidente. No buscamos separarnos, sino revitalizar una vieja amistad y renovar la mayor civilización de la historia de la humanidad. Lo que queremos es una alianza revitalizada que reconozca que lo que ha afligido a nuestras sociedades no es solo un conjunto de malas políticas, sino un malestar de desesperanza y complacencia. Una alianza, la alianza que queremos, es aquella que no se paraliza por el miedo, el miedo al cambio climático, el miedo a la guerra, el miedo a la tecnología. En cambio, queremos una alianza que se lance con valentía hacia el futuro. Y el único miedo que tenemos es el miedo a la vergüenza de no dejar a nuestras naciones más orgullosas, más fuertes y más ricas para nuestros hijos.


Una alianza dispuesta a defender a nuestro pueblo, a salvaguardar nuestros intereses y a preservar la libertad de acción que nos permite forjar nuestro propio destino, no una que exista para gestionar un estado del bienestar global y expiar los supuestos pecados de generaciones pasadas. Una alianza que no permita que su poder sea encargado al exterior, restringido o subordinado a sistemas que escapan a su control; una alianza que no dependa de otros para satisfacer las necesidades fundamentales de su vida nacional; y una alianza que no mantenga la cortés pretensión de que nuestra forma de vida es solo una entre muchas y que pide permiso antes de actuar. Y, sobre todo, una alianza basada en el reconocimiento de que nosotros, el occidente, hemos heredado juntos algo que es único, distintivo e irremplazable, porque esto, al fin y al cabo, es la base misma del vínculo transatlántico.


Actuando juntos de esta manera, no solo ayudaremos a recuperar una política exterior sensata, sino que nos devolverá un sentido más claro de nosotros mismos. Nos devolverá un lugar en el mundo y, al hacerlo, reprenderá y disuadirá a las fuerzas de la destrucción de la civilización que hoy amenazan tanto a Estados Unidos como a Europa.


Así que, en un momento en el que los titulares anuncian el fin de la era transatlántica, que quede claro para todos que ese no es nuestro objetivo ni nuestro deseo, porque para nosotros, los estadounidenses, nuestro hogar puede estar en el Hemisferio Occidental, pero siempre seremos hijos de Europa. (Aplausos).


Nuestra historia comenzó con un explorador italiano cuya aventura hacia lo desconocido para descubrir un nuevo mundo llevó el cristianismo a América y se convirtió en la leyenda que definió la imaginación de nuestra nación pionera.


Nuestras primeras colonias fueron fundadas por colonos ingleses, a quienes debemos no solo el idioma que hablamos, sino todo nuestro sistema político y jurídico. Nuestras fronteras fueron moldeadas por los escoceses-irlandeses, ese clan orgulloso y cordial de las colinas de Ulster que nos dio a Davy Crockett, Mark Twain, Teddy Roosevelt y Neil Armstrong. 


Nuestro gran corazón del Medio Oeste fue construido por granjeros y artesanos alemanes que transformaron llanuras vacías en una potencia agrícola mundial y, por cierto, mejoraron drásticamente la calidad de la cerveza estadounidense. (Risas).


Nuestra expansión hacia el interior siguió los pasos de los comerciantes de pieles y exploradores franceses cuyos nombres, por cierto, aún adornan las señales de las calles y los nombres de las ciudades de todo el valle del Misisipi. Nuestros caballos, nuestros ranchos, nuestros rodeos, todo el romanticismo del arquetipo del vaquero que se convirtió en sinónimo del Oeste americano, nacieron en España. Y nuestra ciudad más grande y emblemática se llamaba Nueva Ámsterdam antes de pasar a llamarse Nueva York.


¿Sabían que en el año en que se fundó mi país, Lorenzo y Catalina Geroldi vivían en Casale Monferrato, en el Reino de Piamonte-Cerdeña? Y José y Manuela Reina vivían en Sevilla (España). No sé qué sabían, si es que sabían algo, sobre las 13 colonias que habían obtenido su independencia del Imperio Británico, pero hay algo de lo que estoy seguro: nunca podrían haber imaginado que, 250 años después, uno de sus descendientes directos estaría hoy aquí, en este continente, como jefe diplomático de esa joven nación. Y, sin embargo, aquí estoy, recordando mi propia historia, que nos recuerda que nuestras historias y nuestros destinos siempre estarán vinculados.


Juntos reconstruimos un continente destrozado tras dos guerras mundiales devastadoras. Cuando nos vimos divididos una vez más por el telón de acero, el occidente libre se unió a los valientes disidentes que luchaban contra la tiranía en el este para derrotar al comunismo soviético. Hemos luchado unos contra otros, luego nos hemos reconciliado, luego hemos luchado, y luego nos hemos reconciliado de nuevo. Y hemos sangrado y muerto juntos en los campos de batalla, desde Kapyong hasta Kandahar. 


Y hoy estoy aquí para dejar claro que Estados Unidos está trazando el camino hacia un nuevo siglo de prosperidad y que, una vez más, queremos hacerlo junto a ustedes, nuestros queridos aliados y nuestros amigos más antiguos. (Aplausos). 


Queremos hacerlo junto a ustedes, con una Europa orgullosa de su patrimonio y de su historia; con una Europa que tiene el espíritu creador de la libertad que envió barcos a mares inexplorados y dio origen a nuestra civilización; con una Europa que tiene los medios para defenderse y la voluntad de sobrevivir. Debemos estar orgullosos de lo que hemos logrado juntos en el último siglo, pero ahora debemos afrontar y aprovechar las oportunidades de uno nuevo, porque el ayer ha terminado, el futuro es inevitable y nuestro destino conjunto nos espera. Gracias. (Aplausos).


PREGUNTA: Sr. Secretario, no estoy seguro de si ha oído el suspiro de alivio que se ha producido en esta sala cuando acabamos de escuchar lo que yo interpretaría como un mensaje de tranquilidad, de colaboración. Ha hablado usted de las relaciones entrelazadas entre Estados Unidos y Europa, lo que me recuerda las declaraciones realizadas hace décadas por sus predecesores cuando el debate era: ¿Es realmente Estados Unidos una potencia europea?, ¿es Estados Unidos una potencia en Europa? Gracias por ofrecernos este mensaje de tranquilidad sobre nuestra asociación.


En realidad, esta no es la primera vez que Marco Rubio asiste a la Conferencia de Seguridad de Múnich, ya ha estado aquí un par de veces, pero es la primera vez que lo hace como Secretario de Estado. Así que, gracias de nuevo. Solo nos quedan un par de minutos ahora para unas pocas preguntas y, si me lo permiten, hemos recopilado preguntas del público.


Una de las cuestiones clave aquí ayer, hoy, es, por supuesto, sigue siendo la cuestión de cómo abordar la guerra en Ucrania. Muchos de nosotros, en los diálogos mantenidos durante el último día, las últimas 24 horas, hemos expresado nuestra impresión de que los rusos, permítanme expresarlo de manera coloquial, están ganando tiempo, no están realmente interesados en alcanzar un acuerdo significativo. No hay indicios de que estén dispuestos a transigir en ninguno de sus objetivos maximalistas. Si es posible, ofrézcanos su evaluación de la situación actual y de hacia dónde cree que podemos avanzar.


SECRETARIO RUBIO: Bueno, creo que en este momento nos encontramos en una situación en la que los problemas que hay que resolver… aquí viene la buena noticia. La buena noticia es que los problemas que hay que resolver para poner fin a esta guerra se han reducido. Esa es la buena noticia. La mala noticia es que se han reducido a las cuestiones más difíciles de resolver, y aún queda trabajo por hacer en ese aspecto. Entiendo su punto de vista, pero la respuesta es que no lo sabemos. No sabemos si los rusos realmente quieren poner fin a la guerra; ellos dicen que sí, pero no sabemos en qué términos están dispuestos a hacerlo ni si podemos encontrar términos que sean aceptables para Ucrania y que Rusia siempre esté dispuesta a aceptar. Pero vamos a seguir probando.


Mientras tanto, todo lo demás sigue sucediendo. Estados Unidos ha impuesto sanciones adicionales al petróleo ruso. En nuestras conversaciones con India, hemos conseguido su compromiso de dejar de comprar más petróleo ruso. Europa ha tomado su serie de medidas para seguir adelante. Continúa el Programa Pearl, en el que se vende armamento estadounidense para la guerra de Ucrania. Así que todo esto sigue adelante. Nada se ha detenido mientras tanto. Así que no hay que ganar tiempo en ese sentido. 


Lo que no podemos responder, pero seguiremos probando, es si hay un resultado con el que Ucrania pueda vivir y que Rusia acepte. Y yo diría que hasta ahora ha sido difícil de alcanzar. Hemos avanzado en el sentido de que, por primera vez, creo que en años, al menos a nivel técnico, hubo oficiales militares de ambas partes que se reunieron la semana pasada, y habrá… y habrá nuevas reuniones el martes, aunque puede que no sea el mismo grupo de personas.


Miren, vamos a seguir haciendo todo lo posible para desempeñar este papel de poner fin a la guerra. No creo que nadie en esta sala se oponga a una solución negociada para esta guerra, siempre y cuando las condiciones sean justas y sostenibles. Eso es lo que pretendemos conseguir, y vamos a seguir intentándolo, incluso aunque sigan ocurriendo todas estas otras cosas en cuanto a las sanciones y demás.


PREGUNTA: Muchas gracias. Estoy seguro de que, si tuviéramos más tiempo, habría muchas preguntas sobre Ucrania. Pero permítanme concluir con una pregunta sobre un tema completamente diferente. El próximo ponente, que intervendrá en unos minutos, será el ministro de Exteriores de China. Cuando usted ocupaba su escaño en el Senado, señor, la gente le consideraba una especie de halcón con respecto a China.


SECRETARIO RUBIO: También ellos.


PREGUNTA: ¿También ellos?


SECRETARIO RUBIO: Sí. 


PREGUNTA: Sabemos que dentro de unos dos meses se celebrará una cumbre entre el presidente Trump y el presidente Xi Jinping. Cuéntenos cuáles son sus expectativas. ¿Es optimista?, ¿cree que se puede llegar a un “acuerdo” con China?, ¿qué espera?


SECRETARIO RUBIO: Bueno, yo diría lo siguiente: las dos economías más grandes del mundo, dos de las grandes potencias del planeta, tenemos la obligación de comunicarnos con ellas y dialogar, al igual que muchos de ustedes a nivel bilateral. Quiero decir que sería una mala práctica geopolítica no mantener conversaciones con China. Diría lo siguiente: dado que somos dos grandes países con enormes intereses globales, nuestros intereses nacionales a menudo no coincidirán. Sus intereses nacionales y los nuestros no coincidirán, y le debemos al mundo intentar gestionarlos lo mejor posible, evitando obviamente los conflictos, tanto económicos como peores. Y eso… es por lo que es importante para nosotros mantener comunicaciones con ellos en ese sentido.


En aquellas áreas en las que nuestros intereses coinciden, creo que podemos trabajar juntos para tener un impacto positivo en el mundo, y buscamos oportunidades para hacerlo con ellos. Por lo tanto, tenemos que mantener una relación con China. Y cualquiera de los países aquí representados hoy tendrá que mantener una relación con China, siempre entendiendo que nada de lo que acordemos puede ir en detrimento de nuestros intereses nacionales. Y, francamente, esperamos que China actúe en función de sus intereses nacionales, al igual que esperamos que todos los Estados-nación actúen en función de sus intereses nacionales. El objetivo de la diplomacia es tratar de sortear aquellos momentos en los que nuestros intereses nacionales entran en conflicto, siempre con la esperanza de hacerlo de forma pacífica.


Creo que también tenemos una obligación especial porque cualquier cosa que ocurra entre Estados Unidos y China en materia comercial tiene implicaciones mundiales. Por lo tanto, nos enfrentamos a desafíos a largo plazo que tendremos que afrontar y que serán motivo de fricción en nuestra relación con China. Esto no solo es válido para Estados Unidos, sino también para occidente en general. Pero creo que debemos intentar gestionarlos lo mejor posible para evitar fricciones innecesarias, si es posible. Sin embargo, nadie se hace ilusiones. Existen algunos desafíos fundamentales entre nuestros países y entre occidente y China que continuarán en el futuro previsible por diversas razones, y son algunas de las cosas en las que esperamos trabajar junto con ustedes.


PREGUNTA: Muchas gracias Sr. Secretario. Se nos acabó el tiempo. Siento no poder escuchar preguntas de todos los que quieren hacerlas. Sr. Secretario de Estado, gracias por este mensaje de seguridad. Creo que aquí en el salón se aprecia mucho. Ofrezcamos un aplauso. (Aplauso).

sábado, 7 de febrero de 2026

El suicidal dé Nueva York tiene un nombre: Zohran Mamdami

 

_El suicidio de Nueva York tiene un nombre: Zohran Mamdani_

_Por Elías Wessin_

Nueva York fue durante décadas la vitrina más brillante de Occidente. La ciudad donde el inmigrante llegaba con una maleta, aprendía el idioma, trabajaba sin descanso, respetaba la ley y, en una generación, se convertía en ciudadano pleno. 

Era libertad a cambio de integración, oportunidades a cambio de responsabilidad. Esa realidad hoy, está siendo desmontada desde el poder político.

Las declaraciones del alcalde socialista Zohran Mamdani, llamando a que Estados Unidos se abra al Islam y a “los consejos del profeta Mahoma” como fundamento moral para justificar la inmigración masiva, bajo la premisa de que “el Islam está construido sobre la migración”, constituye una invitación explícita a redefinir la identidad cultural de Estados Unidos sobre bases ajenas a su tradición constitucional.

No estamos ante pluralismo, estamos ante sustitución. Conviene aclararlo sin ambages, el problema es cuando una religión violenta se convierte en proyecto político y pretende orientar la acción del Estado. 

Ahí deja de ser devoción privada y se transforma en ideología de poder.

La República moderna no puede regirse por “consejos proféticos”. Se rige por leyes civiles, por una Constitución y por la igualdad jurídica de todos ante el Estado. 

Cuando un alcalde sugiere que la política pública debe inspirarse en una doctrina religiosa evidéntemente radical, está minando el principio más básico de la neutralidad institucional.

Estados Unidos no se construyó sobre teocracia ni identidades tribales. Se edificó sobre el constitucionalismo, la herencia judeocristiana, la Ilustración, el imperio de la ley y la economía de mercado. 

Esa combinación produjo el experimento de libertad más exitoso de la historia moderna. Por eso millones quisieron y quieren (todavía) llegar allí. Pero la hospitalidad siempre tuvo una condición tácita: integrarse.

Alexis de Tocqueville advertía que la democracia depende de costumbres y valores compartidos, no solo de leyes escritas. Sin ese sustrato moral común, la libertad degenera en conflicto permanente. Si cada grupo trae su propio sistema jurídico, su propia lealtad primaria y su propia visión del Estado, la nación deja de ser comunidad y se convierte en archipiélago.

Eso es precisamente lo que ocurre cuando la inmigración deja de ser integración y se transforma en fragmentación cultural.

Europa ya está pagando el precio de ese experimento. Barrios donde la ley civil retrocede, enclaves donde la autoridad estatal es simbólica, tensiones identitarias constantes y una clase política que teme exigir adaptación por miedo a ser acusada de “intolerante”. 

El resultado no ha sido armonía multicultural, sino guetos y resentimiento. Repetir ese error en Estados Unidos no es compasión, es irresponsabilidad histórica.

Lo más desconcertante, sin embargo, es la alianza entre la izquierda progresista y el islamismo político. Una izquierda que dice defender el feminismo, los derechos LGBTIQ+ y la secularización del Estado, pero que al mismo tiempo apoya movimientos religiosos que niegan esos mismos principios, la contradicción es evidente. No es coherencia ideológica; es cálculo político.

Para ciertos sectores progresistas, cualquier fuerza que debilite la tradición occidental sirve como aliado táctico. Es la lógica del “enemigo de mi enemigo”. Pero la historia enseña que las alianzas basadas en resentimientos terminan devorándose a sí mismas. 

Hannah Arendt advertía que cuando la política se subordina a la ideología, la realidad deja de importar y todo se justifica en nombre de una causa abstracta. El resultado suele ser el caos. 

El verdadero multiculturalismo no significa que cada grupo imponga sus normas. Significa convivir bajo reglas comunes.

Una nación no es un "hotel" donde cada cual vive según su propio código. Es una comunidad política con deberes compartidos.

Por eso toda política migratoria seria exige tres condiciones mínimas: respeto a la Constitución, Estado de Derecho e integración cultural básica. Sin esos pilares, la inmigración no fortalece el país, lo deshace.

Las declaraciones de Mamdani apuntan exactamente en la dirección contraria. No hablan de integración, sino de adaptación del país receptor. No piden asumir la tradición americana, sino reconfigurarla. Eso no es inclusión; es desarraigo.

Y cuando una sociedad pierde su identidad, pierde también su capacidad de sostener la libertad.

República Dominicana, desde nuestra perspectiva caribeña, (y voy más lejos, toda América Latina) debe asimilar esta lección de Nueva York y su flamante Alcalde, no podemos permitir experimentos ideológicos importados ni políticas migratorias sin control. La soberanía no es un capricho nacionalista; es una condición de supervivencia.

Caridad sin prudencia termina siendo autodestrucción. Defender fronteras y preservar el marco civico cristiano-occidental no es xenofobia, es sentido común histórico. 

Toda comunidad política que renuncia a sus principios fundacionales se convierte en tierra de nadie.

Friedrich von Hayek recordaba que el orden de una civilización puede perderse mucho más rápido de lo que tardó siglos en construirse. Destruir es fácil; reconstruir, casi imposible.

Nueva York no corre peligro por su diversidad. Siempre fue diversa. Corre peligro cuando sus líderes se avergüenzan de sus raíces y abrazan ideologías que la niegan. Cuando confunden tolerancia con rendición. Cuando creen que toda identidad es opresiva, excepto la del recién llegado.

Ese es el verdadero suicidio.

El problema no es la fe privada de nadie en términos pacíficos. El problema es convertir el islam en programa de gobierno. 

Cuando eso ocurre, la libertad retrocede, el Estado se fragmenta y la nación se diluye. Y la historia es implacable con las sociedades que abdican de sí mismas. Nueva York fue grande porque supo integrar sin dejar de ser Nueva York. 

Si renuncia a eso, no quedará nada que integrar.

Quedará, simplemente, la ruina de lo que alguna vez fue un faro de superación en base al trabajo y oportunidades de Occidente.

martes, 3 de febrero de 2026

Desempolvando archivos

 Desempolvando archivos..


Una historia inconclusa.


Cerré mis ojos, 

apreté mis labios.

crucé mis brazos,

y no te dije nada.


Saliste cauteloso

escondiéndote  del alba,

parecía que tu mundo

estaba en otra parte.


La alondra en mi ventana,

cantó desesperada,

la luna presurosa, 

escondió su cara.


Detrás de la montaña

te esperaba el barco,

el mar abrió sus puertas

y te marchaste lejos.


Han pasado los años,

el tiempo no perdona,

todavía no entiendo,

todavía me pregunto:


¿Por qué la madrugada?

¿Por qué cerré mis ojos?

¿Por qué no abrí mis brazos?

¿Por qué apreté mis labios...?


Todavía golpea mi garganta,

el grito  desesperado,

el deseo reprimido,

las ansias de tenerte...


Han pasado los años,

volvimos a encontrarnos,

te miro y aún no entiendo, 

las vueltas de la vida.


Daría cualquier cosa

por revivir la historia,

por escribir la leyenda 

que pudo perpetuarse.


Hoy detendría el reloj,

borraría la luna...

Dejaría la alondra

sentada en la ventana .


Te estrecharía en mis brazos,

y sin que tú lo evitaras,

con el alba por testigo,

 aún te estaría amando.


Esperanza E Serrano

Fort Myers

Julio, 2008

martes, 27 de enero de 2026

Trump,los evangélicos y …


_TRUMP, LOS EVANGÉLICOS Y UNA LECTURA EQUIVOCADA DE LA RELACIÓN ENTRE FE Y PODER_

_Observaciones al hermano Tomás Gómez Bueno y su Artículo: "Trump, los Evangélicos y el riesgo de instrumentalización de la Iglesia de Jesucristo"_


Por Elías Wessin

El artículo del apreciado hermano Tomás Gómez Bueno parte de una premisa atractiva (el legítimo temor a la instrumentalización de la fe), pero termina incurriendo precisamente en lo que denuncia, esto es, una lectura selectiva, moralizante y políticamente ingenua de la relación entre la Iglesia, el poder y la historia.

Confundir apoyo político con idolatría es un error conceptual porque apoyar políticamente a un líder no equivale a canonizarlo, ni mucho menos a considerarlo un mesías. La mayoría de los evangélicos que respaldaron a Donald Trump nunca afirmaron que fuera un modelo moral, un referente espiritual ni un creyente ejemplar. Lo apoyaron como actor político, no como guía teológico.

Reducir ese apoyo a una supuesta “devoción ciega” es una simplificación injusta que ignora el contexto, como la defensa de la libertad religiosa, el freno a la ideología de género impuesta por el Estado, la protección del derecho a la vida del neonato, la resistencia a la agenda cultural progresista global.

No se trata de idolatría, sino de discernimiento político frente a alternativas que abiertamente adversan los valores judeocristianos.

La analogía con Ciro no debe ser teológica, sino histórica. El hermano Gómez critica la comparación entre Trump y Ciro como si se tratara de una afirmación doctrinal. No lo es. Es una analogía funcional, no espiritual.

Ciro fue un gobernante pagano que, sin compartir la fe de Israel, tomó decisiones políticas que beneficiaron directamente al pueblo de Dios. Y si profundizamos teológicamente Dios llamó a Ciro "su siervo".  La Biblia no lo presenta como profeta, sino como un gobernante, un instrumento circunstancial en manos del Señor, dentro de un momento histórico concreto.

Negar esa posibilidad hoy equivale a afirmar que Dios solo puede obrar a través de creyentes irreprochables, lo cual contradice el propio relato bíblico.

La Iglesia no está llamada a huir del poder, sino a limitarlo. Es cierto que la Iglesia ha sido más fiel cuando no ha sido absorbida por el poder político. Pero de ahí no se desprende que deba replegarse, callar o renunciar a incidir en la esfera pública.

La alternativa no es entre sumisión acrítica al poder, o aislamiento espiritualista. Existe una tercera vía, la participación vigilante, crítica, consciente de que el poder necesita contrapesos morales. En sociedades democráticas, la abstención política de los creyentes no purifica a la Iglesia; deja el campo libre al secularismo militante.

El moralismo selectivo también es una forma de ceguera, porque enfatiza las debilidades personales de Trump (reales, exageradas por sus antípodas o ninguna de las dos), pero evita toda comparación con sus adversarios políticos. Sin embargo, la pregunta relevante no es quién es más virtuoso personalmente, sino ¿qué proyecto político protege mejor la libertad, la dignidad humana y el orden moral básico?

Juzgar la política exclusivamente desde la ética personal es confundir púlpito con urna. En la historia, muchos gobernantes eficaces no fueron santos, y muchos hombres “virtuosos” causaron catástrofes políticas.

El verdadero riesgo no es Trump, sino el vacío moral del poder global, preocuparse por una supuesta “instrumentalización religiosa”, olvida una realidad más grave, gobiernos que persiguen cristianos, Estados que imponen ideologías contrarias a la fe, organismos internacionales que erosionan la soberanía moral de las naciones.

En ese escenario, Trump no es un salvador, pero sí un dique temporal frente a una agenda abiertamente hostil al cristianismo histórico. Reconocer eso no es fanatismo; es realismo político.

“Dad al César lo que es del César” no es neutralidad política. Jesús no estaba promoviendo la retirada de la vida pública, sino estableciendo límites entre esferas. El mismo pasaje ha sido históricamente mal usado para justificar la pasividad de los creyentes frente a la injusticia.

Dar al César lo que es del César implica también exigirle cuentas, no abdicar del juicio moral ni del compromiso cívico.

Trump no necesita ser defendido como creyente, sino evaluado como gobernante. En esto coincidimos parcialmente, Trump necesita oración, como cualquier ser humano. Pero la Iglesia (su feligresía) no vota por almas, vota por políticas públicas. Confundir esos planos conduce a una espiritualización imprudente de la política. Espiritualización que justifica a algunos hermanitos, cuando proclaman a 'soto voce' que la política 'es del diablo'.

La pregunta no es si Trump es un hombre redimido, sino si sus decisiones amplían o restringen la libertad religiosa, fortalecen o debilitan la soberanía nacional, protegen o erosionan principios morales fundamentales.

El peligro real no es que la Iglesia dialogue con el poder, sino que renuncie a influir por temor a contaminarse.

La fe cristiana nunca fue un refugio para almas delicadas, sino una fuerza que transforma la historia, a veces desde los márgenes, otras desde el centro del poder.

Trump no es un mesías por supuesto, pero tampoco el demonio político que algunos desean retratar (que no es el caso que presenta el hermano Tomás Gómez Bueno). Es un actor imperfecto, pero responsable, en un momento crítico. Negar esa complejidad no fortalece la firmeza y claridad del pensamiento cristiano; lo confunde.

Los cubanos opinan.Socialismo


 Por:Julia Elena Jareno Varcarcel

A todos esos expertos del socialismo teórico que defienden el modelo desde la comodidad de sus pantallas y sus libros: los invito a pasar un mes en Cuba, que es socialista desde 1961. Pero no se confundan, no vayan como turistas VIP tomando mojitos en La Habana Vieja, eso no cuenta. No, vayan a los barrios, y si realmente quieren sentir la experiencia, traten de vivir 30 días como un cubano de a pie: sin apellidos ilustres, sin padrinos mágicos, sin remesas que “solucionen” la vida.

Intenten sobrevivir con un salario básico en pesos cubanos (sí, esos que ni alcanzan para un café decente) y además pagar servicios básicos. Coman lo que la “generosa” libreta de abastecimiento les ofrezca. Manténganse cuerdos mientras las luces se apagan 20 horas al día, y disfruten de casas que parecen hechas por un niño con retraso en motricidad fina, con piso de tierra, pocos electrodomésticos y cero condiciones mínimas de salubridad (y crucen los dedos para no enfermarse, porque ir al hospital es… digamos, toda una aventura).

Pero tranquilos, todo esto es “socialismo para todos”, eso sí, para los turistas con dólares hay “experiencias premium”.

Como decía mi abuela: no es lo mismo llamar al diablo que verlo llegar… y créanme, verlo llegar en Cuba no incluye guía turística, selfies ni souvenirs.

lunes, 12 de enero de 2026

La esperanza

 La esperanza es una niña muy pequeña


Lo que me asombra, dice Dios, es la esperanza,

y no salgo de mi asombro.

Esta pequeña esperanza que parece una cosita de nada,

esta pequeña niña esperanza,

inmortal.


Yo soy, dice Dios, Maestro de las Tres Virtudes.

La Fe es una esposa fiel.

La Caridad es una madre ardiente.

Pero la esperanza es una niña muy pequeña.


Yo soy, dice Dios, el Maestro de las Virtudes.

La Fe es la que se mantiene firme por los siglos de los siglos.

La Caridad es la que se da por los siglos de los siglos.

Pero mi pequeña esperanza es la que se levanta todas las mañanas.


Yo soy, dice Dios, el Señor de las Virtudes.

La Fe es la que se estira por los siglos de los siglos.

La Caridad es la que se extiende por los siglos de los siglos.

Pero mi pequeña esperanza es la que todas las mañanas nos da los buenos días.


Yo soy, dice Dios, el Señor de las Virtudes.

La Fe es un soldado, es un capitán que defiende una fortaleza.

Una ciudad del rey,

En las fronteras de Gascuña, en las fronteras de Lorena.

La Caridad es un médico, una hermanita de los pobres,

Que cuida a los enfermos, que cuida a los heridos,

A los pobres del rey,

En las fronteras de Gascuña, en las fronteras de Lorena.

Pero mi pequeña esperanza es

la que saluda al pobre y al huérfano.


Yo soy, dice Dios, el Señor de las Virtudes.

La Fe es una iglesia, una catedral enraizada en el suelo de Francia.

La Caridad es un hospital, un sanatorio que recoge todas las desgracias del mundo.

Pero sin esperanza, todo eso no sería más que un cementerio.


Yo soy, dice Dios, el Señor de las Virtudes.

La Fe es la que vela por los siglos de los siglos.

La Caridad es la que vela por los siglos de los siglos.

Pero mi pequeña esperanza es la que se acuesta todas las noches

y se levanta todas las mañanas

y duerme realmente tranquila.


Yo soy, dice Dios, el Señor de esa Virtud.

Mi pequeña esperanza

es la que se duerme todas las noches,

en su cama de niña, después de rezar sus oraciones,

y la que todas las mañanas se despierta

y se levanta y reza sus oraciones con una mirada nueva.


Yo soy, dice Dios, Señor de las Tres Virtudes.

La Fe es un gran árbol, un roble arraigado en el corazón de Francia.

Y bajo las alas de ese árbol, la Caridad,

mi hija la Caridad ampara todos los infortunios del mundo.

Y mi pequeña esperanza no es nada más

que esa pequeña promesa de brote

que se anuncia justo al principio de abril.


   Charles Péguy

viernes, 9 de enero de 2026

Fin del despilfarro del dinero del contribuyente de EEUU

 


EDITORIAL CUESTANEWS

Esta es una noticia que hay que leer con atención, porque lo que escribire aqui, no es burocracia ni diplomacia vacía.

Es poder, es prioridad nacional y es simplemente dinero del contribuyente volviendo a casa.

El Secretario de Estado Marco Rubio acaba de firmar un acuerdo histórico con las Naciones Unidas que pone fin a algo que por décadas fue intocable:

..Las contribuciones adicionales de Estados Unidos a un gigantesco aparato de ayuda exterior manejado por ONG ineficientes, politizadas y, en muchos casos, abiertamente antiestadounidenses.

Amigos de #cuestanews Quiero ponérselo claro:

..Estados Unidos dejó de financiar su propio sabotaje y autodestrucción. 

..Durante años, miles de millones de dólares salieron del bolsillo del trabajador americano para terminar en manos de organizaciones que no rinden cuentas, no producen resultados reales y promueven agendas que nada tienen que ver con el interés nacional…Y eso ya lo sabemos todos en general , tanto los  que apoyamos a esta administración como los opositores a ella, que son los verdaderos culpables de que se descontrole todo en ese sentido perjudicando al trabajador Estado Unidense en todo sentido.


..El secretario Rubio fue claro y directo, como debe ser un funcionario que entiende a quién representa:

..No más dinero del contribuyente desperdiciado en ineficiencia, despilfarro ni ideologías disfrazadas de ayuda humanitaria.


Ahora, por qué esto es importante para el crecimiento de nuestro país?


Porque cada dólar que deja de ir a ese “complejo industrial de ayuda exterior”

es un dólar que puede invertirse aquí:

infraestructura, seguridad, desarrollo económico, control fronterizo, empleo y estabilidad interna.


Porque una nación no crece regalando recursos sin control.

Crece cuando prioriza a su gente, protege su economía y exige resultados claros por cada centavo que sale del Tesoro.


Este acuerdo marca un cambio de era:

..Estados Unidos deja de ser el cajero automático del mundo

y vuelve a comportarse como una potencia que pone condiciones, exige eficiencia y defiende sus intereses.


Y hay algo más que muchos no quieren decir:

cuando se corta el flujo de dinero fácil, se caen muchas máscaras.

Se acaban los discursos vacíos, los proyectos fantasmas y las “causas nobles” que solo existían mientras alguien más pagaba la cuenta.


Amigos Este no es un retroceso moral.

Es responsabilidad nacional.


Estados Unidos no le debe su futuro a la ONU ni a ninguna ONG.

Se lo debe a su pueblo.


Este acuerdo es un paso firme en esa dirección, y creanme que los que creemos en esta administracion , en el movimiento MAGA y en el Secretario Rubio estamos de acuerdo y apoyarlo 100%


Cuestanews.

Donde el dinero, el poder y la verdad se llaman por su nombre y no permitiremos que se desvirtúe la noticia para seguir financiando el despilfarro 

#cuestanews

#Trump

#MAGA

Cuba, el país limosnero y menfigo

 Los cubanos opinan

Por Elaine Castro Castañeda

El país Limosnero mendigo. 

Hoy he visto una publicación sobre un supuesto Barco de petróleo que envió México para Cuba, y debajo miles de comentarios unos de burlas otros de crítica, en fin diversas opiniones así como diversos somos los humanos y en especial los cubanos.Pero los que más me llamaron la atención fueron los comentarios de agradecimiento y reverencia a México y no digo que no agradezcan solo pregunto a los cubanos y los invito a razonar...

Ustedes creen que ese Barco les va a resolver los apagones? Cuántos años llevan en apagón casi total recibiendo petróleo de Venezuela? El problema de los apagones entre otras cosas además del petróleo es el mal estado de las termoeléctricas que ya no aguantan más y que su reparación lleva miles de millones de dólares. Agradecen servilmente a México y yo me pregunto también Hasta cuándo vamos a andar de limosneros por el mundo pidiendo un poquito aquí otro poquito allá.. Donde quiera que hablan de Cuba lo primero que sale ya es nuestra miseria y nuestras escaceses, ya no se hablan de nuestra Isla por su hermosura por sus playas por sus montañas por Viñales Varadero... su arquitectura la inteligencia de los cubanos, no siempre escuchas pobrecitos los cubanos lo que están pasando, esa gente no tienen de nada,  y es verdad somos unos mendigos por el mundo entero pidiendo.

Esto no es fortuito, es el resultado de 67 años de mala administración de todos los recursos que tiene esa Isla que no son pocos y que bien administrados hoy siguiéramos siendo la llave del Golfo de México, el primer país con Ferrocarril de América Latina, el primero con Televisión y contando... Nuestro desarrollo fuera en otra magnitud pero los caprichos y las ansias de poder del Dictador Fidel Castro y su pandilla nos convirtieron en la cloaca de América Latina donde todos cifran sus esperanzas en dos cosas:

Unos en la libertad plena de Venezuela y que rompa con Cuba para que la miseria se recrudezca y se acabe de terminar la esclavitud del cubano. Aquí ya ka desumanización es tal que ni pensamos en las familias y los amigos que tenemos allá adentro , o si, pensamos pero creemos que es la única forma de dar al traste con esa Dictadura y que los ciegos que quedan o se hacen se quiten la venda. 

Otros en que "Cuba tiene muchos amigos y nos van a seguir regalando petróleo" Esta es alegría de Caballo capao e ignorancia al creer que esto resuelve algún problema..Por cierto Barquitos de petróleo que no son tan regalados se los sacan del lomo a cada cubano que va a servir de esclavo moderno a esos países supuestamete amigos de Cuba e incluso a perder la vida. 

Creo que hubiera sido mejor destinar nuestros recursos a desarrollar nuestro país incluyendo el turismo podríamos tener la infraestructura hotelera mejor de todo el Caribe, playas, cayos y naturaleza tenemos de sobra y lo mejor hombres y mujeres trabajadores claro, no esclavos,  repito trabajadores. Podríamos haber desarrollado la minería entre otras cosas ,  ingenieros y recursos existen y personas  capaces nos sobraban.  economistas y etc, pero no.  había que votar los recursos en Guerras ajenas donde quiera 

que hay un conflicto ahí está Cuba metida y siempre para mal del cubano de a pie de ese que lucha la comida y la subsistencia diaria por caprichos y defensas a ultranza de lo que dicen ellos es correcto y no es más que la imprudencia, la obstinación y la terquedad a su favor de estar en la palestra pública haciéndose los correctos los justos y los benevolentes cuando maltratan, humillan, reprimen y matan de hambre a su propio pueblo que no tiene derecho ni de protestar porque lo muelen a palos y van presos hasta los adolescentes. 

20 años negando que Cuba estaba metida en Venezuela y ahora salen 32 cubanos muertos, para demostrar que la mentira tiene patas cortas, ahora no se cansan de inventar historias macabras para justificar lo injustificable, nada tenían que hacer ahí eso es injerencia en los asuntos internos de un país eso no es,como siempre lo han disfrazado, Misión Internacionalista y nosotros a creernos el cuentecito. Por cierto creo que cada cubano que se respete debe pedirle perdón a cada Venezolano que fue humillado y hasta golpeado por un militar cubano y que ayudamos a perpetuar su desgracia y con esto la de nosotros también. Cuba ha saqueado como le ha dado su gana a Venezuela. 

Al final nuestro país hoy está destruido con Pronóstico Reservado como un paciente grave en Terapia Intensiva y los cubanos siguen agradeciendo un barquito de petróleo y pidiéndole a Dios ( que no tiene Facebook) que los países amigos le sigan mandando más, como si eso fuera la solución a los problemas. 

El MENDIGO QUE NO SE SIENTA Y ANALIZA QUIEN O QUÉ LE PRODUCE ANDAR EN HARAPOS, NUNCA PERO NUNCA PODRA SACÁRSELOS Y VIVIR DIGNAMENTE! 

Ojo cuando digo Mendigo me refiero a los señores que gobiernan a Cuba! 

#CubaEstadoFallido 

#CubaEsUnaDictadura 

#venezuelalibre 

@destacar 

@seguidores

jueves, 8 de enero de 2026

No fue por petróleo.Fue por algo mucho más estratégico



 ≠≠. NO FUE POR PETRÓLEO.  FUE POR ALGO MUCHO MÁS ESTRATEGICO.

>> El 3 de enero de 2026, EE.UU ejecutó la mayor operación militar en América Latina desde Panamá en 1989. 

Como era de esperarse, la narrativa pública se centró en el petróleo y el narcotráfico. Pero esa explicación, tan familiar como conveniente, no resiste el más mínimo análisis estratégico.


La verdad es más incómoda, más compleja… y mucho más peligrosa.

                      --------------------------

 ≠ Conviene comenzar por un punto clave :  

- Este tipo de decisiones no las toma la Casa Blanca, sino el Pentágono. El Pentágono decide, el presidente firma.

Cuando el aparato militar concluye que una amenaza ha cruzado el umbral de riesgo tolerable, la decisión está tomada. El presidente no dirige: simplemente autoriza. Luego sale a justificar públicamente lo que ya se determinó puertas adentro.


- Trump habló de petróleo porque el petróleo vende. Pero la operación no fue solo por el petróleo.

Lo que detonó la intervención no fue el crudo, sino la convergencia operativa de los tres principales adversarios de EE. UU. , China, Irán y Rusia, en un mismo territorio: Venezuela.

- China había tomado control de la extracción de minerales estratégicos (tantalio, cobalto, tierras raras) directamente en las minas del Arco Minero del Orinoco. Estos minerales alimentan la cadena de producción de armas del propio Pentágono. La presencia china no era comercial: era operativa.

- Irán había instalado fábricas de drones militares con capacidad ofensiva para alcanzar Florida desde el Caribe. No eran ventas de armas: era industria bélica permanente a 1.200 millas del territorio continental estadounidense.

- Rusia había desplegado asesores militares, sistemas antiaéreos, radares y entrenamiento en inteligencia. Un ecosistema de guerra electrónica a la vuelta de la esquina de Miami.

Esto no fue casual. Fue una estrategia coordinada. Cada actor reforzaba la presencia del otro.  No era petróleo. Era control


- Comparar esta operación con Irak 2003 es una trampa superficial. En Irak, el petróleo representaba control de flujos globales, mantenimiento del petrodólar y dominio geopolítico en Medio Oriente.

Venezuela no cumple ninguna de esas condiciones:  Su producción está colapsada, la infraestructura destruida, y su peso geográfico es marginal. Si la intervención fuera por petróleo, habría ocurrido en 2019, cuando Guaidó tenía respaldo internacional y PDVSA aún respiraba.

Pero esperaron. Hasta que la amenaza real se consolidó :  Control chino de minerales, fábricas iraníes de drones y militares rusos dirigiendo entrenamientos.  El umbral se rompió


- El Pentágono cruzó su línea roja cuando entendió que los misiles que podrían amenazar su territorio se fabricaban con minerales extraídos bajo control chino, en Venezuela, con protección de inteligencia rusa. Eso no es soberanía. Es una plataforma hostil integrada a menos de 2.000 kilómetros del Comando Sur.

Por eso los ataques no tocaron pozos ni refinerías. Golpearon bases, telecomunicaciones, radares y el corazón del régimen. No querían controlar recursos. Querían desmantelar amenazas.


≠ La verdadera guerra es por minerales

- En abril de 2025, China restringió exportaciones de tierras raras en represalia por aranceles de EE UI. Con ello demostró que estaba dispuesta a usar la cadena de suministros como arma geopolítica.

Venezuela se volvió pieza clave. No por su petróleo. No por su gobierno. Por sus minerales.

El Pentágono no opera con discursos. Opera con mapas de riesgo. Y Venezuela, en 2026, era un punto de intersección entre recursos estratégicos, infraestructura militar adversaria y redes logísticas incontrolables.

Trump habló de petróleo porque esa narrativa es comprensible. Pero el Pentágono no planifica con base en discursos. Lo hace con base en amenazas.

Venezuela no fue intervenida por crudo. Fue intervenida por su rol en la nueva arquitectura del poder global: minerales, armas y presencia hostil combinada. El petróleo es la excusa. La geoestrategia, el verdadero guion.


*** Carolina Restrepo Cañavera

domingo, 4 de enero de 2026

Cubanos muertos en Venezuela


Por Omar Torres.

Murieron por la dictadura equivocada

Murieron cubanos. Sí. Pero no murieron por Cuba. Murieron al servicio de una dictadura, o peor aún, de dos.

Cuando Donald Trump dijo sin rodeos que cubanos perdieron la vida protegiendo a Nicolás Maduro, no estaba narrando una tragedia nacional: estaba describiendo una consecuencia política. No eran médicos en misión humanitaria. No eran obreros. No eran civiles atrapados en un bombardeo. Eran hombres enviados a blindar a un narco-régimen, sosteniendo con armas un poder criminal que no era el suyo.

Murieron defendiendo a Maduro. Murieron defendiendo a Cilia Flores. Murieron defendiendo un sistema que ha saqueado a Venezuela y que durante años sostuvo artificialmente a la dictadura de Cuba. Eso no es heroísmo. Eso es mercenarismo de Estado.

La narrativa del régimen cubano siempre ha sido la misma: “misiones”, “solidaridad”, “internacionalismo”. La realidad es otra: exportación de control, inteligencia y fuerza represiva. Hoy fue en Caracas. Ayer fue en África. Mañana quién sabe dónde. El patrón no cambia: se envían cubanos a servir intereses ajenos, se cobra en petróleo, dinero o favores políticos, y si mueren… silencio.

Aquí no hay mártires. Aquí hay instrumentos. Que nadie se confunda: eran cubanos por nacimiento, pero no representaban al pueblo cubano. Representaban a un aparato de poder que los entrenó, los envió y ahora —como siempre— los borrará del relato. No habrá lista de nombres. No habrá honores reales. No habrá explicación a las familias. Porque reconocer esas muertes sería admitir lo evidente: que La Habana convirtió a sus ciudadanos en carne de cañón geopolítica.

Trump fue claro: Cuba protegía a Venezuela porque de ahí salía su sustento. Esa frase desnuda toda la operación. No era ideología. No era solidaridad. Era dependencia. Y cuando la operación estadounidense cayó como un martillo, esa dependencia se pagó en sangre cubana… defendiendo un régimen extranjero.

El gobierno cubano, fiel a su cobardía estructural, no confirma ni desmiente. Calla. Porque admitir esas muertes sería aceptar que mientras el cubano de a pie pasa hambre, otros cubanos mueren custodiando dictadores millonarios en países ajenos.

Esta no es una crónica para llorar. Es una crónica para señalar responsabilidades. Murieron cubanos, sí. Pero murieron del lado equivocado de la historia. Y los culpables no están en Washington ni en Caracas: están en La Habana, donde se decide quién vive, quién muere y quién nunca existió oficialmente.

Las dictaduras siempre hacen lo mismo: usan a los suyos, los gastan, y luego los olvidan. Esta vez no. Esta vez hay que decirlo claro, sin romanticismo ni consignas: murieron defendiendo la opresión.

#Cuba
#DictaduraCubana
#Maduro
#NarcoDictadura
#CubaVenezuela
#Dictaduras
#Regímenes

sábado, 3 de enero de 2026

No es guerra, es justicia,es la detención de un criminal

 


Por Mario Vallejo

Lo ocurrido en la madrugada de hoy no fue una guerra. Fue una operación policial internacional, dirigida por el Departamento de Justicia de Estados Unidos a través de la DEA, con apoyo logístico y tecnológico del Departamento de Defensa. Precisa. Quirúrgica. Sin épica hollywoodense ni daños colaterales innecesarios.

El objetivo fue claro: neutralizar los centros militares del régimen y proteger, hasta donde era humanamente posible, a la población civil. Maduro y su pareja no cayeron por accidente: fueron detenidos antes de esconderse, sacados de su guarida y puestos a disposición de la justicia. Fin del mito. Comienza el expediente.

Trump, en minutos, despejó la gran incógnita que nos rondaba a muchos: el “día después”.

Porque el verdadero peligro nunca fue solo el chavismo, sino lo que podía venir tras su colapso. La experiencia del llamado “gobierno interino” dejó una lección amarga: improvisación, voracidad y mediocridad vestidas de salvación nacional. Aquello no fue transición; fue saqueo con discurso.

Las elecciones de 2024 confirmaron el error: una designación a dedo, sin mérito ni liderazgo, recicló al mismo ecosistema que ya había demostrado incapacidad moral e intelectual para manejar siquiera la ayuda humanitaria, mucho menos un país devastado. Ese camino llevaba directo a una Venezuela fracturada, empobrecida y eternamente inestable. Una caja de Pandora con pasaporte diplomático.

Por eso el punto de quiebre llegó cuando Trump habló de algo distinto: control directo del proceso de reconstrucción por parte de Estados Unidos. Ahí dejamos la liga amateur y entramos en las Grandes Ligas.

La referencia implícita fue clara y poderosa: Japón después de 1945. Estados Unidos no improvisó. Designó a Douglas MacArthur como Comandante Supremo, desmilitarizó el país, reformó su estructura política, económica y jurídica, preservó símbolos para garantizar cohesión social y sentó las bases de una democracia funcional. El resultado está a la vista: una potencia mundial.

MacArthur no administró ruinas; diseñó futuro.

Trump propuso algo similar para Venezuela: liderazgo directo, restitución de la propiedad privada, reconstrucción institucional y uso del sector energético como locomotora del crecimiento. “Make Venezuela great again” dejó de sonar a consigna y empezó a parecer un plan.

En ese momento reaparecieron los nombres borrados por el chavismo: Andrés Sosa Pietri y el proyecto energético de los noventa, Franklin Brito y la dignidad aplastada por el Estado, los miles de empresarios despojados por decreto y bayoneta. La memoria también es una forma de justicia.

El mensaje fue inequívoco: permitir que el comunismo criminal se consolide en Occidente no es neutralidad, es complicidad. Y esta vez, detrás de la acción, hubo inteligencia estratégica, no improvisación; gente capaz, no operadores; planificación, no consignas.

Falta camino, sí. Quedan detalles, riesgos y decisiones complejas. Nadie sensato canta victoria definitiva.

Pero hoy, por primera vez en mucho tiempo, el optimismo no es un acto de fe sino una hipótesis razonable.

La mejor noticia para iniciar el año.

 





La mejor noticia.

ÚLTIMA HORA: Maduro y su esposa han sido capturados, confirma Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, informó la madrugada de este sábado que Nicolás Maduro y su esposa han sido capturados por fuerzas estadounidenses tras una operación de gran escala en Venezuela. 

En su mensaje en su red social Truth Social, Trump aseguró que ambos fueron trasladados en avión fuera del país y anunció que ofrecerá más detalles en una conferencia de prensa programada para las 11:00 a. m. (hora del Este) en Mar-a-Lago.


#lovisteconelsargento