Por Omar Torres.
Murieron por la dictadura equivocada
Murieron cubanos. Sí. Pero no murieron por Cuba. Murieron al servicio de una dictadura, o peor aún, de dos.
Cuando Donald Trump dijo sin rodeos que cubanos perdieron la vida protegiendo a Nicolás Maduro, no estaba narrando una tragedia nacional: estaba describiendo una consecuencia política. No eran médicos en misión humanitaria. No eran obreros. No eran civiles atrapados en un bombardeo. Eran hombres enviados a blindar a un narco-régimen, sosteniendo con armas un poder criminal que no era el suyo.
Murieron defendiendo a Maduro. Murieron defendiendo a Cilia Flores. Murieron defendiendo un sistema que ha saqueado a Venezuela y que durante años sostuvo artificialmente a la dictadura de Cuba. Eso no es heroísmo. Eso es mercenarismo de Estado.
La narrativa del régimen cubano siempre ha sido la misma: “misiones”, “solidaridad”, “internacionalismo”. La realidad es otra: exportación de control, inteligencia y fuerza represiva. Hoy fue en Caracas. Ayer fue en África. Mañana quién sabe dónde. El patrón no cambia: se envían cubanos a servir intereses ajenos, se cobra en petróleo, dinero o favores políticos, y si mueren… silencio.
Aquí no hay mártires. Aquí hay instrumentos. Que nadie se confunda: eran cubanos por nacimiento, pero no representaban al pueblo cubano. Representaban a un aparato de poder que los entrenó, los envió y ahora —como siempre— los borrará del relato. No habrá lista de nombres. No habrá honores reales. No habrá explicación a las familias. Porque reconocer esas muertes sería admitir lo evidente: que La Habana convirtió a sus ciudadanos en carne de cañón geopolítica.
Trump fue claro: Cuba protegía a Venezuela porque de ahí salía su sustento. Esa frase desnuda toda la operación. No era ideología. No era solidaridad. Era dependencia. Y cuando la operación estadounidense cayó como un martillo, esa dependencia se pagó en sangre cubana… defendiendo un régimen extranjero.
El gobierno cubano, fiel a su cobardía estructural, no confirma ni desmiente. Calla. Porque admitir esas muertes sería aceptar que mientras el cubano de a pie pasa hambre, otros cubanos mueren custodiando dictadores millonarios en países ajenos.
Esta no es una crónica para llorar. Es una crónica para señalar responsabilidades. Murieron cubanos, sí. Pero murieron del lado equivocado de la historia. Y los culpables no están en Washington ni en Caracas: están en La Habana, donde se decide quién vive, quién muere y quién nunca existió oficialmente.
Las dictaduras siempre hacen lo mismo: usan a los suyos, los gastan, y luego los olvidan. Esta vez no. Esta vez hay que decirlo claro, sin romanticismo ni consignas: murieron defendiendo la opresión.
#Cuba
#DictaduraCubana
#Maduro
#NarcoDictadura
#CubaVenezuela
#Dictaduras
#Regímenes

No hay comentarios:
Publicar un comentario