Translate

Cargando...

lunes, 12 de noviembre de 2012

Clones patrioteros

 

Por: José Hugo Fernández

LA HABANA, Cuba, noviembre, www.cubanet.org -Cuando a los cubanos nos da por ser ridículos, perdemos la brújula. Y nunca resultamos tan ridículos como cuando nos hacemos pasar por lo que no somos. Si aparentamos ser muy cultos y etéreos, siempre, por algún resquicio, asoma la chancleta. Si alardeamos de opulencia económica, no hay que esperar mucho para descubrir que apenas llegamos a ser pobres con plata. Y ni hablar de cuando nos da por vendernos como guapos o como bombas sexuales.
Sin embargo, por algún milagro salvador -consecuencia quizá del ajiaco en que nos cocinaron- nunca somos tan simpáticos como cuando nos ponemos ridículos.
Hay una sola excepción, la de los políticos, más ridículos cuanto más se esfuerzan por venderse como panacea del pueblo, y más repulsivos cuanto más ridículos.
Las palmas se las llevan hoy, por supuesto, los dirigentes del régimen, con la comparsa de sus adláteres que tan ridículamente se autocalifican como revolucionarios. Pero aún hay un colmo dentro de ellos mismos, y es el de los cubanos simpatizantes de la dictadura que, no obstante, prefieren vivir en el extranjero.
En esa fauna sobresalen dos subespecies: la de los agentes o colaboradores de la Seguridad del Estado en misión oficial, y la de los pancistas del llamado exilio de terciopelo, que también cobran, bien sea en efectivo o en especias, así que igual califican como miserables esbirros, en el sentido más estricto del término.
¿Es posible imaginar otra cosa tan grotesca como esas asociaciones de la denominada emigración cubana patriótica y revolucionaria, que ahora están medrando en Europa? Luego, para más inri, a los sujetos que las conforman les ha dado por presentarse como una especie de continuación histórica de aquellos honrados y sufridos emigrantes que aclamaron a José Martí en los Estados Unidos. Es el non plus ultra de la ridiculez, en la variante repulsiva, claro.
Por su talante malévolo, es de suponer que esto de hacerse pasar por clones de los emigrantes revolucionarios cubanos del siglo XIX, que, luego de una larga hibernación fidelista, han despertado en París o en Estocolmo o en Madrid… debe responder a una estrategia de los ideólogos del régimen. Pues, del mismo modo que resulta ingenuo creer en la naturaleza inopinada y espontánea de tales organizaciones, habría que ser bobo para no darse cuenta de que responden a un plan, fríamente diseñado y puesto en marcha desde La Habana.
Hace pocos días, tuvo lugar en Madrid el “VII Encuentro de Cubanos y Cubanas en Europa”, ocasión en la que muchos de estos gozadores de la papeleta se dieron cita, dicen, para “defender el legado de la revolución”,  mientras la gente de a pie en la Isla ya no puede más con la carga de ese legado, que es la tiranía más empobrecedora y represiva de toda nuestra historia.
No ganaríamos mucho (ni poco) recreando detalles de la cascarita que hablaron aquellos infelices en su aquelarre madrileño. Pero tal vez valga la pena insistir en la utilidad de no perder de vista el alza que actualmente registra esta tendencia. Y no sólo en Europa. El régimen cubano recoge el abono que logró producir, dedicándose durante décadas a regar estiércol por medio mundo.
Primero, fue en los Estados Unidos, bien en las más diversas universidades, o bien en todos los barrios y rincones de Miami, donde, como conocemos de sobra, debajo de cada piedra hay un majá. Después, fue en el viejo continente. Sólo en la época en que Abel Prieto era ministro de cultura, en algunas de las más connotadas ciudades europeas fueron infiltrados montones de policías disfrazados y de vaciladores del socialismo en misión de propagandistas del régimen.
Hoy, el objetivo prioritario parece ser América Latina, muy particularmente algunas naciones que han estado en el foco de interés para esa dantesca (pero también ridícula) pesadilla chavista que es la unión de repúblicas soviético-bolivarianas: Ecuador, México, Colombia, Argentina, Chile… Como ya ocurrió antes con las guerrillas, se reeditan ahora las invasiones de cubanos comisionados para regar en el área el bacilo del fidelismo-leninismo en fase de fermentación.
Es impredecible hasta qué límite seguirá extendiéndose esta epidemia, luego de la aplicación, en enero, de las nuevas medidas migratorias aprobadas por la dictadura.
Y no se trata sólo de la influencia que físicamente pueden ejercer en el exterior cientos de miles de emisarios castristas, más y menos alevosos, más y menos pagados.
Viviendo fuera de Cuba, también tienen las más amplias posibilidades de divulgar a través de Internet la política manipuladora del régimen, algo que les resulta imposible desde aquí. De tal manera sacan un doble provecho (psicológico y práctico) a su condición de emigrantes. No en balde uno de los principales puntos en la agenda del susodicho “VII Encuentro de Cubanos y Cubanas en Europa”, fue “los medios informativos y el uso de las redes sociales al servicio de los cubanos residentes en el exterior en defensa de la revolución”.
De modo que, por muy ridícula que parezca (ya que en verdad lo es), la estrategia de clonar patrioteros martianos como productos de exportación, no debe motivar únicamente nuestros sarcasmos, en tanto representa un renglón estrella de la única línea productiva en la que el castrismo ha demostrado ser eficiente.
Nota: Los libros de este autor pueden ser adquiridos en la siguiente dirección: http://www.amazon.com/-/e/B003DYC1R0
Sobre el autor
 

Sobre el autor

José Hugo Fernández
José Hugo Fernández es autor, entre otras obras, de las novelas El clan de los suicidas, Los crímenes de Aurika, Las mariposas no aletean los sábados y Parábola de Belén con los Pastores, así como de los libros de cuentos La isla de los mirlos negros y Yo que fui tranvía del deseo, y del libro de crónicas Siluetas contra el muro. Reside en La Habana, donde trabaja como periodista independiente desde el año 1993.

2 comentarios:

Laz Red dijo...

excelente caracterizacion de toda es fauna sietemesina y desmadrada. mis respetos.

Esperanza E. Serrano dijo...

Ya son demasiados los cubanos escúalidos, sietemesinos, clones patrioteros, que desde el extranjero defienden el castrocounismo.
Jose Hugo ha puesto al descubierto en este articulo cómo la propia dictadura se ha encargado de ampliar sus campañas propagandisticas usando a los propios cubanos residentes en el extarnjero como sus mas altruístas defensores.
Gracias por tu visita y por tu comentario
Un abrazo Espe