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miércoles, 8 de julio de 2009

¿Discriminación Racial en Cuba ?


Discriminación racial en Cuba?
por Esperanza E Serrano
Desde hace algún tiempo para acá estoy leyendo en varios sitios de internet comentarios, análisis, artículos y hasta ensayos muy serios sobre la discriminación racial en Cuba. Me he encontrado con muchas ilustraciones de las condiciones infrahumanas de vida de muchos negros y mulatos en la Cuba de hoy, algunas de ellas dan la impresion, por las opiniones que las acompañan, de que este es el sector más afectado por la politica discriminatoria desarrollada por el gobierno cubano. Se escribe sobre las familias negras viviendo en la extrema pobreza en los solares habaneros; sobre los mendigos negros registrando los latones de basura en busca de un pedazo de pan, durmiendo en los parques, o en los portales... Hay miles de imagenes en la red sobre esta cruda realidad pero les garantizo que no es exclusiva de los negros. La miseria en Cuba es general e independiente del color de la piel, de la edad y del sexo...las precarias condiciones en que sobreviven muchas familias en Cuba se ven a lo largo y ancho de todo el territorio nacional. En las capitales de provincias, en todas las ciudades, y pueblos del interior, hay solares y barrios marginales donde cohabitan personas de todas las razas.

He leído algunos comentarios que presentan como ejemplo de la discriminación racial en Cuba las actividades que, para ganarse la vida, realizan algunas negras quienes, vestidas de santeras, ofrecen servicios de consultas, lecturas de cartas, y otras hechicerías a los turistas alrededor de la Plaza de la Catedral y de otros centros importantes. Desde hace muchos años, la santería en Cuba no es una religión practicada solo por los negros. Sin embargo las negras santeras parecen ser más auténticas que las blancas, porque son las que más se ven en esos lugares. Para ofrecer legalmente esos servicios religiosos y parasicológicos en las plazas públicas y zonas turísticas cubanas, hay que tener licencia, es decir hay que pagarle un impuesto al estado, el cual, muy contento con la iniciativa de los santeros, a través de esas actividades promueve la santería como parte de la cultura cubana, enfocándola más como elemento folklorico que por su carácter y esencia religiosa.

He leído muchas historias sobre el jineterismo o la prostitución de las negras y mulatas cubanas en las que se les presenta como ejemplo de discriminación racial. Algunos de esos relatos por su enfoque contribuyen a la mitificación de la sexualidad de los negros y en muchos casos hasta se justifica la prostitución al presentarla como única alternativa de vida para las clases marginales. Se comenta sobre los gustos y preferencias de los turistas extranjeros por la piel canela y por la piel de ébano de las mulatas y negras cubanas. Se enfatiza en sus características personales como las mujeres más sandungueras, sensuales, exóticas, dueñas de la vida nocturna en la capital; del malecón y de otras áreas que las cobijan en sus menesteres de ganarse el pan de cada día o la posible libertad si logran la salida del país a través de algún turista enamorado. En muchas páginas de la web se habla de prostitución en Cuba ejercida solo por las negras y mulatas pobres, llevadas a ese oficio producto de los problemas económicos. Algunos pretenden ocultar o ignorar que esa vieja profesión se ha puesto de moda en Cuba y es practicada por jóvenes de ambos sexos, independientemente del color de la piel. Asi como también parecen desconocer que los dólares obtenidos por esa vía, han contribuido a marcar diferencias socio económicas abismales que influyen incluso en la aceptación de una nueva escala de valores morales dentro de la sociedad cubana actual. Creo que por un problema de lógica, la prostituta que más demanda tiene es la que más gana y la que mejor vive, aunque creo que no necesariamente su talento para el oficio depende del color de su piel, pero si fuera as,í las negras y mulatas a lo mejor estarían dentro de las más codicidas.
No hace mucho la imagen de un negro cubano borracho gritando "Aquí lo que hace falta es jama", le dio la vuelta al mundo, despertando opiniones encontradas porque algunos lo vieron como un reflejo y como una víctima de la discriminación racial; algunos como yo, coincidimos que fue como un grito de desesperación lanzado desde allá (insconcientemente debido al estado de embriaguez del emisor) que puede considerarse una denuncia socio-económica y hasta politica, de un cubano golpeado por el hambre y la miseria. Otros lo identificaron con el prototipo del negrito simpático y valiente que, borracho, fue capaz de decir lo que otros no hacen estando sobrios. Claro que los que pesaron así, unos días después ya no lo encontraron tan simpático cuando se enteraron de su verdadero nombre, y lo vieron, más sobrio que una palma, hablando desde su casa como un ex- marinero de la ex- flota mercante cubana . Sin estar borracho, el otrora "Panfilo", declaró que ni él mismo sabía lo que había dicho pero que estaba en "candela" por el tal video, del cual no había recibido ni un centavo y sí muchos acosos por parte de la Seguridad y de la policía cubana. ¿Acaso Panfilo pedía jama para él, como un negrito de solar, o como un cubano más, que borracho y desesperado, denunciaba ante el mundo que el pueblo está pasando hambre porque no hay comida en Cuba?

Otra arista sobre la discriminación racial en Cuba y recurrente desde que Barack Hussein Obama llegó a la Casa Blanca, es la relacionada con los cargos administrativos y politicos en las altas esferas del gobierno, en la que casi todos son blancos a pesar de que los negros y mulatos cubanos representan el 35.7 % de la población, de acuerdo con los resultados del censo del 2002.

Reflexionando sobre todo lo que he escrito hasta aquí, les digo que para mi la real discriminación en Cuba, no es racial. No se trata del color de la piel. Se trata de si se es o no se es cómplice del régimen, si se es o no un fiel defensor del sistema establecido desde hace más de cincuenta años, si se es o no un adulador oportunista, portador de la ideología fidelista, castrista, militarista imperante.

Viví 37 años bajo el yugo de la tiranía. Les digo, con la honestidad que me caracteriza, que muchos de los que me hicieron la vida imposible en Cuba, son negros que como buenos comunistas de corazón o de participación, vieron en mi una enemiga y no precisamente por el color de mi piel, ya que "no soy ni chicha ni limoná", ni negra, ni mulata, ni blanca. Soy trigueña. Debo estar en el grupo de los mestizos, porque tal vez alguno de mis ancestros fue negro o negra. No obstante, los primeros que me colgaron cartelitos de "no confiable, problemática, conflictiva, enemiga de la revolución, diversionista ideológica, etc, etc, son negros. Estoy segura que esas calificaciones no me las gané por el color de mi piel ni porque se sintieron discriminados por mí, sino por mis ideas y mis actitudes contestatarias y desafiantes que no tienen nada que ver con razas ni pigmentación de la piel. Debo confesar que en Cuba donde quiera que estudié y trabajé y me busqué problemas, me sentí como una golondrina solitaria, aislada, extraña, y como tal no compuse verano. Por lo tanto los "problemas" por los que me discriminaron nunca perdieron su carácter personal, y nunca tomaron el matiz de discriminación racial sino politica.

Cuando miro las imágenes que circulan por la internet de la Cuba de hoy, veo jineteras y jineteros blancos, negros, mulatos, mestizos, parados en céntricas avenidas o en las cercanías de algún centro de recreación, en espera de un turista. Si de ancianos mendigos se trata, lo mismo veo una anciana blanca tirada en la acera que un anciano negro vagabundo con su perro sentado en un contén. Si hablamos de folklorismo, encuentro lo mismo. En fotos he visto dos mujeres: una negra y una blanca; dos imagenes femeninas folkloricas, con flores en la frente, un pañuelo en la cabeza y un gran tabaco en la boca. Y me he preguntado ¿Cual es la diferencia que puede hacer a una superior a la otra socialmente?

En la blogosfera cubana de adentro y de afuera, se pueden encontrar miles de imágenes sobre el pueblo cubano, cubanos de a pie. No les miento si les digo que hay figuras harapientas de todos los colores con expresión de hambre, miseria y desolación en sus rostros carentes de esperanzas y de fe. En los solares habaneros y en los barrios de extrema pobreza cohabitan personas de todos los colores, y de todos los sectores marginados de la sociedad cubana actual. En los pueblos del interior pasa lo mismo. La miseria, la marginalidad en Cuba es generalizada. El hambre de Panfilo es el hambre de todos los que dependen de un salario pagado por el único o maximo empleador que existe en Cuba y que paga con una moneda falsa, de muy poco valor dentro del país y totalmente ínvalida en el resto del mundo.
Los huracanes que azotaron la Isla el año pasado destruyeron viviendas y causaron muchas pérdidas materiales en las zonas afectadas. Los huracanes no escogieron a sus víctimas por el color de la piel, como tampoco el gobierno cubano ha tenido en cuenta el color de la piel para vender a precios subsidiados los pocos materiales que han sido asignados para reparar las viviendas de las familias afectadas y ayudarles a compensar las pérdidas. Los huracanes no escogieron a sus víctimas, ellas estaban ahí, casi indefensas por las precarias condiciones de sus viviendas; esperando que ocurriera un milagro que los librara de las lluvias, inundaciones y de las fuertes ráfagas de vientos. Cuando la naturaleza golpea inclemente, no repara en el color de la piel. El gobierno cubano cuando asigna o vende materiales a precios módicos para construir o reparar una vivienda, lo hace teniendo en cuenta el historial revolucionario, la fidelidad y el grado de compromiso del individuo con el gobierno, es decir la integridad revolucionaria medida al detalle. Precisamente desde Cuba llegan las denuncias de los afectados por los huracanes que por ser disidentes, contestatarios, opositores o por no tener un historial de complicidad con el regimen castrista, no les han facilitado los materiales para reparar sus viviendas. En esa situación se encuentran por igual blancos, negros y mestizos, opositores, disidentes y hasta los indiferentes que ni pintan ni dan color.

No quiero alargar este comentario, solo deseo expresar que, a mi modo de ver las cosas, en nuestra patria la verdadera discriminación es la que ejerce el gobierno con todos aquellos que piensan diferente, con los que denuncian y luchan contra esa tiranía militarista, que ha demostrado estar incapacitada para resolver los problemas económicos, sociales y políticos que existen en nuestro país. Han sido y son discriminados, perseguidos, encarcelados, y hasta desterrados, todos aquellos que denuncian y combaten a ese sistema impuesto por los responsables de los desastres, errores, injusticias, crimenes, asesinatos y violaciones de los derechos humanos y civiles en Cuba. El gobierno cubano discrimina hasta a los que se muestran indiferentes, a los que mantienen una actitud apática, a los que se niegan a ser corderos y luchan al margen de todo por sobrevivir esperando que un día todo cambie. La politica de ese gobierno no ha sido la de discriminar al ser humano por el color de la piel sino por la posición asumida ante las exigencias, las órdenes y las arbitrariedades emanadas por un tirano loco, líder supremo por más de 47 años, y que hoy actua desde la sombra, como una verdadera momia escribiente, muy útil por representar las Reflexiones del Compañero Fidel, rectoras del poder a través del papel escrito y publicado oficialmente con la firma del otrora Comandante en Jefe de todo lo que se mueve, existe y persiste en Cuba. Tiranía déspotica de una élite que ha actuado como dueña del destino de toda una nación, y que que se ha caracterizado, entre otras cosas, por imponer un estilo de vida en el que se premia la doble moral, la hipocresía, el oportunismo, el odio, la envidia y la divisón entre cubanos, más allá del color de la piel.
Cuando recuerdo a Miguel Valdés Tamayo, Presidente del Movimiento Hermanos por la Dignidad,
primer mártir del grupo de los 75 de la primavera negra del 2003; o cuando miro las fotos del Dr. Oscar Elías Biscet, o de Jorge Luis García Pérez, "Antunez" y su esposa Iris Tamara Pérez Aguilera, y de otros opositores en Cuba me pregunto: ¿Ellos han luchado y continuan luchando contra la tiranía porque son cubanos dignos, surgidos de las nuevas generaciones que desean la libertad de Cuba, o luchan porque se sienten discriminados por el color de su piel.? Hasta ahora veo que la oposición en Cuba no ha declarado que están luchando por sus derechos como negros sino como seres humanos, como cubanos.

Creo que presentar la miseria extrema en Cuba como un problema solo de los negros y mulatos, que por demás son la minoría, puede resultar una visión infantil de un problema más profundo; una visión ingenua que a la larga puede resultar muy dañina. Por ese enfoque de considerar discriminación racial a lo que realmente no lo es, se puede llegar a otro tipo de enfrentamientos, creando nuevas fuentes de odio entre cubanos por causa del color de la piel y no por los antagonismos que existen dentro de la sociedad cubana como consecuencias del sistema establecido por más de medio siglo.

Considero que cubanos somos todos los nacidos allá, independientemente del color de nuestra piel. Como cubanos tenemos los mismos deberes y derechos, padecemos los mismos problemas, somos víctimas algunos, otros cómplices defensores, del mismo sistema autócrata comunista que durante más de medio siglo ha gobernado en nuestra patria. No nos diferenciamos por el color de la piel sino por la actitud que asumamos ante la vida, los principios e ideales que abracemos y defendamos por encima de todo.

No niego que existen diferencias socio económicas en Cuba. Siempre han existido y seguirán existiendo. Yo conozco muchos cubanos negros, deportistas famosos que vivían y viven mejor que todos los blancos del barrio. También conozco músicos y artistas negros que viven mejor que millones de blancos en el país. El estatus social en Cuba no lo da el color de la piel sino el nivel de compromiso con el sistema. El que es incondicional al lema "con la revolución todo, en contra de la revolución nada", llega hasta donde su habilidad, falta de escrúpulos, maldad, astucia y talento para escalar posiciones, se lo permitan.

Seguir estableciendo diferencias entre nosotros basados en el color de la piel no ayuda a resolver el problema. Independientemente de que la casi totalidad de la élite militar geriátrica en el poder es de piel blanca, hay que analizar también todas las otras cosas que tienen en común y que hacen que pertenezcan a la nomenclatura del gobierno de La Habana. No creo que Juan Almeida, Esteban Lazo y algunos mestizos-mulatos que integran el grupo, se crean blancos y se hayan prestado para hacerle el juego a los jefes superiores en detrimento de los negros y mulatos que merecen ocupar cargos en el gobierno central. Mas bien creo que los que probaron la miel del poder no quieren separarse del panal que la produce, y por eso discriminan a todos aquellos que potencialmnete resulten un peligro o una amenaza a sus intereses y a su voluntad de permanecer aferrados al gobierno de forma indefinida incluso mas allá de la muerte biológica.
Esperanza E Serrano.

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