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domingo, 4 de enero de 2026

Cubanos muertos en Venezuela


Por Omar Torres.

Murieron por la dictadura equivocada

Murieron cubanos. Sí. Pero no murieron por Cuba. Murieron al servicio de una dictadura, o peor aún, de dos.

Cuando Donald Trump dijo sin rodeos que cubanos perdieron la vida protegiendo a Nicolás Maduro, no estaba narrando una tragedia nacional: estaba describiendo una consecuencia política. No eran médicos en misión humanitaria. No eran obreros. No eran civiles atrapados en un bombardeo. Eran hombres enviados a blindar a un narco-régimen, sosteniendo con armas un poder criminal que no era el suyo.

Murieron defendiendo a Maduro. Murieron defendiendo a Cilia Flores. Murieron defendiendo un sistema que ha saqueado a Venezuela y que durante años sostuvo artificialmente a la dictadura de Cuba. Eso no es heroísmo. Eso es mercenarismo de Estado.

La narrativa del régimen cubano siempre ha sido la misma: “misiones”, “solidaridad”, “internacionalismo”. La realidad es otra: exportación de control, inteligencia y fuerza represiva. Hoy fue en Caracas. Ayer fue en África. Mañana quién sabe dónde. El patrón no cambia: se envían cubanos a servir intereses ajenos, se cobra en petróleo, dinero o favores políticos, y si mueren… silencio.

Aquí no hay mártires. Aquí hay instrumentos. Que nadie se confunda: eran cubanos por nacimiento, pero no representaban al pueblo cubano. Representaban a un aparato de poder que los entrenó, los envió y ahora —como siempre— los borrará del relato. No habrá lista de nombres. No habrá honores reales. No habrá explicación a las familias. Porque reconocer esas muertes sería admitir lo evidente: que La Habana convirtió a sus ciudadanos en carne de cañón geopolítica.

Trump fue claro: Cuba protegía a Venezuela porque de ahí salía su sustento. Esa frase desnuda toda la operación. No era ideología. No era solidaridad. Era dependencia. Y cuando la operación estadounidense cayó como un martillo, esa dependencia se pagó en sangre cubana… defendiendo un régimen extranjero.

El gobierno cubano, fiel a su cobardía estructural, no confirma ni desmiente. Calla. Porque admitir esas muertes sería aceptar que mientras el cubano de a pie pasa hambre, otros cubanos mueren custodiando dictadores millonarios en países ajenos.

Esta no es una crónica para llorar. Es una crónica para señalar responsabilidades. Murieron cubanos, sí. Pero murieron del lado equivocado de la historia. Y los culpables no están en Washington ni en Caracas: están en La Habana, donde se decide quién vive, quién muere y quién nunca existió oficialmente.

Las dictaduras siempre hacen lo mismo: usan a los suyos, los gastan, y luego los olvidan. Esta vez no. Esta vez hay que decirlo claro, sin romanticismo ni consignas: murieron defendiendo la opresión.

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sábado, 3 de enero de 2026

No es guerra, es justicia,es la detención de un criminal

 


Por Mario Vallejo

Lo ocurrido en la madrugada de hoy no fue una guerra. Fue una operación policial internacional, dirigida por el Departamento de Justicia de Estados Unidos a través de la DEA, con apoyo logístico y tecnológico del Departamento de Defensa. Precisa. Quirúrgica. Sin épica hollywoodense ni daños colaterales innecesarios.

El objetivo fue claro: neutralizar los centros militares del régimen y proteger, hasta donde era humanamente posible, a la población civil. Maduro y su pareja no cayeron por accidente: fueron detenidos antes de esconderse, sacados de su guarida y puestos a disposición de la justicia. Fin del mito. Comienza el expediente.

Trump, en minutos, despejó la gran incógnita que nos rondaba a muchos: el “día después”.

Porque el verdadero peligro nunca fue solo el chavismo, sino lo que podía venir tras su colapso. La experiencia del llamado “gobierno interino” dejó una lección amarga: improvisación, voracidad y mediocridad vestidas de salvación nacional. Aquello no fue transición; fue saqueo con discurso.

Las elecciones de 2024 confirmaron el error: una designación a dedo, sin mérito ni liderazgo, recicló al mismo ecosistema que ya había demostrado incapacidad moral e intelectual para manejar siquiera la ayuda humanitaria, mucho menos un país devastado. Ese camino llevaba directo a una Venezuela fracturada, empobrecida y eternamente inestable. Una caja de Pandora con pasaporte diplomático.

Por eso el punto de quiebre llegó cuando Trump habló de algo distinto: control directo del proceso de reconstrucción por parte de Estados Unidos. Ahí dejamos la liga amateur y entramos en las Grandes Ligas.

La referencia implícita fue clara y poderosa: Japón después de 1945. Estados Unidos no improvisó. Designó a Douglas MacArthur como Comandante Supremo, desmilitarizó el país, reformó su estructura política, económica y jurídica, preservó símbolos para garantizar cohesión social y sentó las bases de una democracia funcional. El resultado está a la vista: una potencia mundial.

MacArthur no administró ruinas; diseñó futuro.

Trump propuso algo similar para Venezuela: liderazgo directo, restitución de la propiedad privada, reconstrucción institucional y uso del sector energético como locomotora del crecimiento. “Make Venezuela great again” dejó de sonar a consigna y empezó a parecer un plan.

En ese momento reaparecieron los nombres borrados por el chavismo: Andrés Sosa Pietri y el proyecto energético de los noventa, Franklin Brito y la dignidad aplastada por el Estado, los miles de empresarios despojados por decreto y bayoneta. La memoria también es una forma de justicia.

El mensaje fue inequívoco: permitir que el comunismo criminal se consolide en Occidente no es neutralidad, es complicidad. Y esta vez, detrás de la acción, hubo inteligencia estratégica, no improvisación; gente capaz, no operadores; planificación, no consignas.

Falta camino, sí. Quedan detalles, riesgos y decisiones complejas. Nadie sensato canta victoria definitiva.

Pero hoy, por primera vez en mucho tiempo, el optimismo no es un acto de fe sino una hipótesis razonable.

La mejor noticia para iniciar el año.

 





La mejor noticia.

ÚLTIMA HORA: Maduro y su esposa han sido capturados, confirma Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, informó la madrugada de este sábado que Nicolás Maduro y su esposa han sido capturados por fuerzas estadounidenses tras una operación de gran escala en Venezuela. 

En su mensaje en su red social Truth Social, Trump aseguró que ambos fueron trasladados en avión fuera del país y anunció que ofrecerá más detalles en una conferencia de prensa programada para las 11:00 a. m. (hora del Este) en Mar-a-Lago.


#lovisteconelsargento