Translate

lunes, 25 de abril de 2016

El castrismo es un castillo de naipes


El VII Congreso de la dictadura ha dejado claro que los hermanos Castro seguirán siendo los que mandan en Cuba aunque uno diga que se retira y el otro que se va a morir.  Cuentos, porque ninguna juventud, salvo sus descendientes directos, heredará el poder.  

Queda también en evidencia que el régimen teme quedarse sin el “enemigo yanqui” y a eso se deben los continuos ataques contra Barack Obama aunque el presidente norteamericano haya demostrado con hechos y afirmado en La Habana, que los Estados Unidos quiere ayudar al pueblo cubano y que a pesar de las diferencias ideológicas él quiere tener relaciones cordiales con la dictadura castrista. 

Los ataques contra el presidente Obama son la excusa para justificar la permanencia de un estado policiaco contra el pueblo. No se puede creer que el levantamiento del embargo cambiará ese comportamiento, porque la dictadura actuará con el mismo cinismo e insensatez que lo hace el gobierno chavista que, a pesar de que los Estados Unidos es uno de los principales socios comerciales de Venezuela, continúa reprimiendo a los demócratas venezolanos y denuncia a los Estados Unidos como el mayor enemigo de Venezuela y de la humanidad.  

El VII Congreso de la dictadura ha sido un fraude,  no podía ser de otra manera porque quienes gobiernan en Cuba no representan los intereses del pueblo sino los de una mafia preocupada por mantener sus prebendas y privilegios esclavizando a los cubanos con bajos salarios y con frenos que les impiden su progreso económico, político y cultural.  

Cualquier idea, propuesta o aspiración que ponga en peligro ese esquema de dominación y explotación es considerada como “subversión política ideológica” que, según el mismo Congreso, es un asunto estratégico. Por esta razón afirmaron que, en Cuba seguirá existiendo un solo partido, es decir, un solo grupo de individuos que castigarán cualquier desviación con persecución, prisión o exilio.  

Esta actitud retrógrada y violenta obedece al temor de que cualquier apertura auténtica despertará la fe del pueblo en su futuro y ni la represión podría contenerla.  Por eso el régimen insiste tanto en declaraciones y medidas con el objetivo de desmoralizar a los cubanos y hacerles perder fe en el futuro.  Ellos saben que un pueblo con fe derribaría al castrismo como una brisa a un castillo de naipes, sin sangre y sin luto.  

La Nueva República: El castrismo es un castillo de naipes

 

Publicar un comentario