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viernes, 7 de mayo de 2021

Central Hershey, un milagro americano en Cuba

CENTRAL HERSHEY; UN MILAGRO AMERICANO EN CUBA. ūüŹ°ūüöčūüŹěūü§ď Mucho se ha especulado sobre los motivos que impulsaron al pastelero, empresario, millonario y fil√°ntropo Milton Hershey, a visitar La Habana. No fue, como suele contarse en sus biograf√≠as m√°s lacrim√≥genas, por cumplir una promesa hecha a su esposa en su lecho de muerte. Tampoco se debi√≥ a otro de sus incontables impulsos altruistas para ayudar a la gente, aunque una vez en Cuba, ya le fuera imposible sustraerse a su temperamento filantr√≥pico. Fue por una raz√≥n empresarial de urgencia. Cuando estall√≥ la Primera Guerra Mundial, Milton Hershey comenz√≥ a tener problemas con el suministro de az√ļcar de remolacha que importaba de Europa para producir chocolate. Y es –otra vez– su madre, la sabia se√Īora Fanny, quien act√ļa de consejera de su hijo. Fanny le sugiere a Milton que compre o construya un central azucarero en Cuba. Fabricar √©l mismo el az√ļcar en un pa√≠s amigo que no est√° involucrado en el conflicto b√©lico, reducir√° los costes de compra y transporte que est√° pagando por el az√ļcar europeo. Tambi√©n le garantizar√≠a un flujo constante de esa importante materia prima para su industria. Adem√°s, aunque Hershey desde ni√Īo y hasta entonces, hab√≠a disfrutado de una salud de acero envidiable, comenzaba a acusar una incipiente bronquitis que se agudizaba con las bajas temperaturas invernales de Pensilvania. Fanny estaba convencida de que una temporada bajo el sol de Cuba, podr√≠a aliviarle a su hijo esa dolencia. Por si fuera poco, la reciente muerte de su esposa lo hab√≠a sumido en una depresi√≥n, y viajar a La Habana para enfrentar un nuevo proyecto, podr√≠a mejorar su estado an√≠mico. Milton hab√≠a escuchado antes hablar del magn√≠fico clima cubano, de la hospitalidad proverbial de su gente y de las grandes plantaciones de az√ļcar de la Isla. La idea de Fanny le parece perfecta, y en el invierno de 1916, viaja a la isla caribe√Īa con su madre, y una amiga de √©sta, Leah Putt. En La Habana Milton vio enseguida que all√≠, no solo ten√≠a una gran oportunidad para reabastecer su f√°brica de az√ļcar, sino que pod√≠a repetir el mismo modelo de negocio que hab√≠a tenido tanto √©xito en Derry Church. Mientras Fanny y Leah se instalaron en un apartamento privado de la capital habanera, Hershey lo hizo en el Hotel Plaza, que ser√≠a su casa durante el tiempo que necesitara para encontrar un lugar donde establecer su negocio, sus oficinas y su vivienda. Milton envi√≥ a su madre y a su amiga de paseo por la ciudad, y √©l se fue a caminar solo por el casco hist√≥rico, fascinado por la arquitectura colonial de la vieja Habana. Pero fue cuando sali√≥ al campo, fuera del √°rea metropolitana, que qued√≥ impresionado por los extensos ca√Īaverales, que se perd√≠an como un mar verde hasta donde la vista no alcanzaba. “La visi√≥n de los campos de ca√Īa me reconfort√≥ de la p√©rdida de Catherine, y volvi√≥ a darme esperanzas de futuro para mi empresa, como me hab√≠a dicho mi madre”, declarar√≠a despu√©s a un peri√≥dico norteamericano. Cuando Fanny y su amiga terminaron su visita y regresaron a Pensilvania, Hershey se qued√≥ en el Hotel Plaza, en cuyos salones recib√≠a a personalidades de la pol√≠tica y los negocios de la Isla, que lo pon√≠an al corriente del nuevo escenario empresarial al que se enfrentaba. Fue all√≠ una tarde, cenando con un amigo, que le cont√≥ su proyecto de levantar una ciudad fabril para los cubanos, alrededor de un central azucarero. A la ma√Īana siguiente se puso ropa de campa√Īa y se lanz√≥ con su amigo, y un grupo de colaboradores cubanos, a buscar el lugar para construir el central de sus sue√Īos. Hershey recorri√≥ gran parte de la zona costera de La Habana y Matanzas, y le llam√≥ r√°pidamente la atenci√≥n el estuario de Santa Cruz del Norte. Enseguida manifest√≥ su inter√©s de comprar tierras all√≠, por su cercan√≠a a un puerto de mar, fundamental para el transporte de az√ļcar a los Estados Unidos. Pero ning√ļn terrateniente de la zona quiso vender sus fincas. Hershey no estaba acostumbrado a un no por respuesta y continu√≥ explorando la zona. Entonces descubri√≥ una colina que dominaba Santa Cruz del Norte. Desde su cima observ√≥ el buc√≥lico paisaje de sus cercan√≠as; un peque√Īo y tranquilo bosque a orillas del Atl√°ntico, de vegetaci√≥n exuberante y ba√Īado por las aguas cristalinas del r√≠o Mayabeque. Dicen que all√≠ se le ocurri√≥ la frase con la que desde entonces defini√≥ el lugar; “El sitio de la eterna primavera tropical”. Era la localidad de Santa Cruz de la Sierra, a 35 kil√≥metros al este de La Habana. Y estaba en venta. Milton Hershey compr√≥ la colina y parte de las parcelas de sus inmediaciones. El lugar era pura manigua con modestos boh√≠os y r√ļsticas fincas agr√≠colas. Pero mientras sus acompa√Īantes ve√≠an Santa Cruz de la Sierra como un matorral virgen, Hershey vio una pr√≥spera comunidad industrial. Inmediatamente despu√©s de comprar las tierras, trajo de Pensilvania todo lo que necesitaba para construir un central azucarero y una comunidad obrera a su alrededor. La cercan√≠a del puerto de Santa Cruz del Norte le facilit√≥ las cosas, y muy pronto entraron a la zona las primeras brigadas de obreros de la construcci√≥n, taladores, pedreros, arquitectos e ingenieros que empezaron a levantar los primeros proyectos de la urbanizaci√≥n. En 1918 se inaugur√≥ el Central Hershey en su primera fase, y en 1919 Milton Hershey hizo su primera molienda. En 1920 moli√≥ 149 toneladas de ca√Īa, y en 1926 se inaugur√≥ la refiner√≠a de az√ļcar. Fue tan rentable, que a Hershey le sobr√≥ az√ļcar para proveer a las f√°bricas cubanas de Coca Cola. Vale la pena detenernos en el ferrocarril, que se har√≠a famoso en Cuba, y que hoy es la √ļnica de aquellas instalaciones que contin√ļa en funcionamiento. Los primeros trenes de Hershey eran de tracci√≥n a vapor, pero Milton los consider√≥ caducos al inventarse la tracci√≥n el√©ctrica. En 1919, Hershey Ferrocarril Cubano comenz√≥ a importar trenes el√©ctricos de las marcas JG Brill y General Electric, y se convirti√≥ en la l√≠nea f√©rrea m√°s moderna de Am√©rica Latina. El ferrocarril sirvi√≥, primero, para llevar los materiales de construcci√≥n de la nueva comunidad, y despu√©s para transportar las materias primas y a los obreros y habitantes del central. El servicio de pasajeros el√©ctrico entre Matanzas y el pueblo de Hershey se inaugur√≥ en enero de 1922, y en octubre de ese mismo a√Īo se extendi√≥ a Casablanca, del otro lado de la bah√≠a de La Habana. En 1924 la flota ferroviaria de Hershey contaba con modernos pant√≥grafos para veh√≠culos troles, -necesarios para cruzar las l√≠neas de tranv√≠a en Regla y Matanzas-, 17 coches el√©ctricos de pasajeros y 7 locomotoras el√©ctricas. El pasaje costaba 47 centavos y solo era necesario un inspector por tren. Despu√©s de terminado el central Hershey, Milton compr√≥ el central Rosario en 1920, el Carmen y el San Antonio en 1925, y el Jes√ļs Mar√≠a en 1927. Desde 1916, su “reino de az√ļcar” se hab√≠a ampliado en 60 mil acres, cinco ingenios azucareros, cuatro centrales el√©ctricas y 251 millas de v√≠as f√©rreas. Para la temporada baja en que no hab√≠a zafra, Hershey construy√≥ una planta de aceites vegetales y una desfibradora de henequ√©n, para que sus empleados siempre tuvieran trabajo. Milton encontr√≥ tambi√©n agua m√°s potable que la del Mayabeque en un manantial oculto en el bosque, y convirti√≥ ese paraje en un sitio recreativo de ensue√Īo, despu√©s conocido como “Los Jardines Tropicales del Central Hershey”, que embelleci√≥ a√ļn m√°s con √°rboles ex√≥ticos que trajo de los Estados Unidos. Junto al complejo fabril azucarero, Hershey hizo dise√Īar una red vial y peatonal inspirada en la de Derry Church, en cuyos laterales se sembraron √°rboles, parterres y cuidados jardines. Naci√≥ as√≠ una nueva y moderna mini ciudad, que ser√≠a la envidia del resto de los pueblos rurales cubanos, y tambi√©n de muchas capitales de la Isla. El asentamiento de viviendas se dise√Ī√≥ al estilo y gusto de Hershey, a imagen y semejanza de su comuna en Pensilvania. Eran casas muy c√≥modas de pronunciado estilo rural americano, que Hershey dot√≥ de chimeneas, no para calefacci√≥n, sino para expulsar los humos de las cocinas, porque las familias humildes cocinaban con combustibles tradicionales como el carb√≥n, la le√Īa y el kerosene, que produc√≠an humo durante la combusti√≥n. El conjunto habitacional de Hershey ten√≠a dos zonas de viviendas diferenciadas: el Batey Norte, donde estaban los servicios p√ļblicos principales y las casas de las clases sociales m√°s altas, y el Batey Sur, que agrupaba las viviendas de los obreros rasos y los peones y aprendices. Inclu√≠a 200 viviendas de madera con techos de dos y cuatro aguas y otras 50 de mamposter√≠a recubiertas con piedras y techos de teja catalana y criolla. Fueron construidas con distintos niveles de confort en funci√≥n de la categor√≠a de los empleados que las habitaban. Adem√°s, Milton Hershey construy√≥ barracones de mamposter√≠a y piedra para los hombres solteros y para los peones extranjeros con empleos transitorios. Junto a las viviendas se levant√≥ un centro m√©dico moderno, equipado con la √ļltima tecnolog√≠a, una farmacia que siempre estaba perfectamente abastecida con medicamentos de Estados Unidos, un cine, un teatro, un club social deportivo para deportes “indoor”, un campo de golf y otro de baseball, y una escuela p√ļblica gratuita para los hijos de los trabajadores. Con el tiempo abrir√≠a otro centro educativo en el Central Rosario para ni√Īos hu√©rfano; la Hershey Agricultural School, que, como su hom√≥loga en Pensilvania, preparaba a los j√≥venes para carreras agr√≠colas e industriales. Hizo tambi√©n un supermercado y una carnicer√≠a con grandes frigor√≠ficos y una planta de energ√≠a solo para las casas e instal√≥ servicios de agua potable corriente y alcantarillado, y un parque de diversiones con norias, toboganes y columpios. No hay que olvidar que, mucho antes de que el ecologismo y las sensibilidades medioambientales se pusieran de moda, ya Milton Hershey orden√≥ sembrar √°rboles en el batey de su central para luchar contra la contaminaci√≥n. Tambi√©n prohibi√≥ el vertido de desechos contaminantes en las aguas fluviales circundantes, consciente de que deb√≠a mantener su pureza y potabilidad. Hershey convirti√≥ su pueblo en una comunidad tan atractiva y pintoresca como Derry Church, pero que la superaba en confort y clima, y que ten√≠a el gran atractivo de la cercan√≠a de la playa. Su fama vol√≥ m√°s all√° de las colinas de Santa Cruz del Norte, y empez√≥ a ser visitado por turistas, hombres de negocios, artistas y famosos que ven√≠an a La Habana. El Hotel Hershey estaba siempre lleno, y el turismo generaba una nueva fuente de ingresos; los turistas ricos utilizaban los restaurantes y fondas de la zona, y frecuentaban el campo de golf, cuyos j√≥venes caddies, -siempre exquisitamente uniformados-, eran los hijos de los trabajadores del central. La vida social y cultural en el batey era tan atractiva, que todos los habitantes de los pueblos aleda√Īos lo convirtieron en su destino l√ļdico de fines de semana. Iban all√≠ para ver pel√≠culas en el cine del pueblo, llevar a sus hijos al parque infantil, ir de picnic a los Jardines Tropicales, o disfrutar del campo de golf, el estadio de b√©isbol y la playa cercana. Tambi√©n eran notorias las funciones que ofrec√≠a el teatro de la localidad, las retretas de la Banda de m√ļsica de Hershey, las verbenas, las fiestas carnavalescas y las ferias. Aunque Milton Hershey no era un cat√≥lico practicante, permiti√≥ que se hicieran celebraciones religiosas los domingos y durante las fiestas religiosas. Se celebraban en La Glorieta, en un altar desmontable que construy√≥ para los devotos del batey. El administrador del Central Hershey, Mr. C. L. Kelly, construy√≥ en 1932 un mini aeropuerto con un hangar y dos pistas de 67 metros de ancho y 385 de largo. Desde all√≠ viajaba con su mujer a los Estados Unidos en su avi√≥n biplaza Stearman. Estaba ubicado al oeste del pueblo de Santa Cruz del Norte, donde hoy se encuentra el Sector Militar y la Cafeter√≠a Habana. Pero Milton Hershey no ten√≠a grandes lujos en el pueblo para uso propio. Pasaba largas temporadas en La Habana para controlar su negocio, pero viv√≠a en su propia oficina al lado del batey, apenas provista de un ba√Īo y un peque√Īo dormitorio. El az√ļcar del central Hershey lo hab√≠a salvado de un descalabro empresarial durante la guerra, y los beneficios econ√≥micos que gener√≥ despu√©s, lo ayudaron a financiar muchas de las construcciones en la ciudad de Hershey, en Pensilvania. Por eso dispens√≥ una atenci√≥n especial a sus inversiones en Cuba, y siempre le estuvo agradecido al pa√≠s, a los cubanos en general, y a sus empleados en particular, a los que cada a√Īo entregaba aguinaldos por Navidad. Por su gran aportaci√≥n a la comunidad, todos los gobiernos republicanos que existieron mientras el jerarca estuvo en Cuba, lo distinguieron con infinidad de distinciones honor√≠ficas. De hecho, Milton Hershey ha sido el √ļnico empresario norteamericano condecorado m√°s de una vez, con la m√°s importante de ellas: la Gran Cruz a la Orden Nacional. EL FINAL DE UN HOMBRE DE √ČXITO A finales de los a√Īos 30s, Milton ya era un anciano que no pod√≠a realizar viajes muy largos; hab√≠a trabajado mucho y estaba muy cansado, as√≠ que no pudo continuar viajando a Cuba. Como el mayor placer de su difunta esposa Catherine era dise√Īar y disfrutar de los jardines que √©l construy√≥ en High Point, tras su muerte, el magnate hizo trasladar sus rosas a los Jardines Hershey. En sus √ļltimos a√Īos, sol√≠a ir all√≠ acompa√Īado de su enfermera y su ch√≥fer, para estar un rato junto a las rosas de su amada Kitty. En 1937, Milton Hershey celebr√≥ su 80 cumplea√Īos en la Arena Deportiva de Pensilvania, en compa√Ī√≠a de sus seis mil empleados. Hab√≠a cuatro orquestas amenizando la fiesta, toda su familia y amigos, una abundante representaci√≥n de los alumnos de las escuelas que fund√≥, y un cake de tres pies de altura con ochenta velas. La intensa emoci√≥n que experiment√≥ ese d√≠a El Rey del Chocolate fue tan fuerte, que sufri√≥ un infarto. Pero era un hombre fuerte y super√≥ el percance, sobreviviendo ocho a√Īos m√°s a la tragedia. Los infaustos d√≠as de la Segunda Guerra Mundial lo tuvieron muy atento a la situaci√≥n del mundo, y se implic√≥ especialmente en el alistamiento de los j√≥venes del pueblo que hab√≠a fundado. Escuchaba atentamente en su residencia las noticias del conflicto b√©lico pegado a la radio, mientras fumaba sus puros cubanos. Y all√≠ fueron a verlo un grupo de militares de alto rango del ej√©rcito norteamericano, para pedirle que creara un chocolate para consumo de los soldados en el campo de batalla, que pudieran conservar en sus mochilas sin necesidad de fr√≠o. En un postrero esfuerzo, el anciano se remang√≥ las mangas de la camisa y se meti√≥ en los laboratorios de su f√°brica, para elaborar la famosa “Raci√≥n de Campa√Īa D”, un «snack» que proporcionaba un extra de energ√≠a y un aporte de 1800 calor√≠as divididas en tres chocolatinas de 4 onzas, resistentes al calor. Hershey Chocolate Corp. fabric√≥ 500 barras diarias de ese chocolate hasta el final de la contienda, que termin√≥ el 2 de septiembre de 1945. Fue el √ļltimo servicio del chocolatero a su Patria. Milton Hershey vivi√≥ para volver a ver el mundo en paz antes de morir, pero solo pocos d√≠as m√°s. Lo mat√≥ una neumon√≠a el 13 de octubre de 1945, dejando al mundo un ejemplo encomiable de tes√≥n y filantrop√≠a, y a los cubanos una experiencia fugaz de modernidad, que no volver√≠a a repetirse nunca m√°s. Ten√≠a 88 a√Īos. ADI√ďS AL REINO DEL CHOCOLATE, LLEGA EL REY DEL AZ√öCAR Al terminar la Segunda Guerra Mundial en 1943, y ya fallecido Milton Hershey, su compa√Ī√≠a Hershey Chocolate Corp. consider√≥ que ya ten√≠a suficientes plantaciones de ca√Īa y remolacha en Estados Unidos, y no necesitaba del az√ļcar cubano. Entonces dio por terminada la aventura cubana de su fundador, y comenz√≥ a vender todas sus f√°bricas e instalaciones, con ferrocarril incluido. El central, la ferrov√≠a y los ca√Īaverales pasaron a manos de la Cuban-Atlantic Sugar Company, cuya titularidad se hizo oficial en 1946. Ya sin las motivaciones filantr√≥picas del fundador, y solo mirando la rentabilidad econ√≥mica, la corporaci√≥n explot√≥ el central hasta 1958. Ese a√Īo, Cuban-Atlantic Sugar Company le vendi√≥ el central al industrial y millonario venezolano nacionalizado cubano, Julio Lobo Olavarr√≠a, por entonces el principal magnate azucarero de Cuba. Lobo, era el hombre m√°s rico del pa√≠s, y el m√°s exitoso de los empresarios cubanos de antes del 59. Su fortuna ascend√≠a a $100 000 000 d√≥lares y sus empresas abarcaban todos los sectores de la econom√≠a, desde la construcci√≥n y la agricultura, hasta los servicios y la banca. Hab√≠a fundado el Banco Financiero en 1950, que utiliz√≥ para controlar dos de las compa√Ī√≠as mar√≠timas cubanas m√°s importantes, Vacuba y Naviera Cubamar. Pose√≠a, adem√°s, una agencia de radiocomunicaciones, una aerol√≠nea, una aseguradora y una petrolera. Ten√≠a 16 centrales azucareros y 22 almacenes de az√ļcar, y era el mayor productor de la Isla, con 3.941.814 sacos de 325 libras anuales. Controlaba la mitad del az√ļcar cubano y puertorrique√Īo, gran parte del filipino y el 60% del az√ļcar refino norteamericano. Por eso se le conoc√≠a como “El Rey del Az√ļcar" comprando el Central Hershey en 1958, pero pudo disfrutar muy poco de sus dulces beneficios. Castro se lo quitar√≠a en solo 12 meses, junto al Museo, su exclusiva pinacoteca y hasta el √ļltimo trapo de su querido Napole√≥n. REVOLUCI√ďN ES DESTRUIR El 1ro de enero de 1959 se acabaron los sue√Īos para la empresa privada cubana y extranjera. Fidel nacionaliz√≥ todo el tejido empresarial y de servicio, y las propiedades de Julio Lobo fueron las primeras en pasar a sus manos; tambi√©n el Central Hershey. Comenzaba el proceso de destrucci√≥n ininterrumpida del pa√≠s por la desidia castrista, y con ella la p√©rdida irreversible de todo lo que una vez tuvo alg√ļn valor empresarial, arquitect√≥nico, art√≠stico o hist√≥rico en Cuba. La dejadez institucional se dej√≥ sentir casi inmediatamente en la comunidad del central Hershey, que Fidel y su combo redujeron en poco tiempo a un mont√≥n de chatarra y ruinas inservibles. El Central Hershey perdi√≥ hasta el nombre, que desde entonces es “Camilo Cienfuegos”. Pero la fuerza de la memoria hist√≥rica de sus habitantes, ha conseguido que se conserve el apellido Hershey para los que no conocieron el pueblo en sus tiempos de gloria. Todos siguen llam√°ndolo como antes, y Milton Hershey contin√ļa silenciosamente presente en medio del desastre. Su avanzada y moderna comunidad fabril azucarera es un viejo cementerio de recuerdos marchitos, casas destruidas y solares yermos, donde la mala yerba y la desesperanza compiten por crecer. La dictadura que castr√≥ su futuro le ha pasado por encima como una aplanadora. No existe casi nada de lo que hizo el fil√°ntropo; es un pueblo fantasma perdido en Santa Cruz, cuya sola visi√≥n es tan amarga, como dulces fueron sus mejores momentos. Queda el tren, renqueante, mal gestionado, eventualmente “modernizado”, si cabe la palabra. Va y viene a duras penas como una reliquia, por las mismas v√≠as que Milton dibuj√≥ entre Casa Blanca y Matanzas. “Nunca llega en hora”, dicen los que lo usan. Antes era puntual, cuando cumpl√≠a la funci√≥n que lo hizo c√©lebre; hacer llegar al pueblo la modernidad y el desarrollo. Era “El Tren del Dinero”, pero hace tiempo fue asaltado por ladrones peores que los de la pel√≠cula. Hoy los 1200 habitantes del batey, viven con frustrada resignaci√≥n su inexorable muerte. Pero ellos, y los 11 millones de cubanos restantes, ya est√°n acostumbrados a este duelo, porque el resto de Cuba ha ido muriendo igual. Hershey es solo una met√°stasis del c√°ncer comunista. ------------------------------- Bibliograf√≠a consultada Cuba, Central Hershey, 1916-1946 - Hershey Community Archieves. Toro Gonz√°lez, Carlos del: La alta burgues√≠a cubana (1920-1958), Editorial Ciencias Sociales, 2003. Jim√©nez, Guillermo: Los propietarios de Cuba 1958, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2008. The Washington Post (May 2015) – “The Cuban town Mr. Hershey built”. Carpentier, Alejo: La consagraci√≥n de la primavera, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1979. Lobo, Mar√≠a Luisa, Zoila Lapique y Alicia Garc√≠a – “La Habana: Historia y arquitectura de una Ciudad”. Rom√°ntica, Editorial Monachelli, Nueva York, 2000. Mart√≠nez Camarero, Claudia - Hershey: Un pueblo con dulces recuerdos. Ely, Roland T - Cuando Reinaba Su Majestad el Az√ļcar, Imagen Contempor√°nea, La Habana, 2001. Mart√≠nez Shvietsova, Polina - El Central Hershey. Hershey mill had it sweet, South Florida Sun-Sentinel - February 2005. Central Hershey - http://xn--gije-0ra.com/ The Hershey Press - El funeral de Catherine Hershey. "Hershey, figura de la Semana" - Revista Bohemia, 15 de junio de 1952. Zanetti, Oscar y Alejandro Garc√≠a: Caminos para el az√ļcar, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1987.

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